La agresión en Rekalde no es un caso aislado, aunque sí uno de los más graves que se recuerda. «No se respeta el uniforme», sentencian varios policías. Aunque otros que vestían de paisano también han sufrido golpes. Es lo que le ocurrió a un agente municipal de Bilbao el año pasado en su barrio. «Vi a dos varones de origen magrebí trapicheando con unos chavales menores. Les estaban pasando unas bolsitas (hachís)», recuerda. «Ellos vieron que me quedaba mirando y se me acercaron desafiantes».
No estaba trabajando, aunque los policías lo son las 24 horas. Llevaba ropa de calle. Para evitar malos entendidos, se identificó como agente de la autoridad. «Les enseñé mi placa, pero fue como si sacara el bonobus, les dio igual». «Me advirtieron de que si me volvían a ver por allí, me sacudirían». Como no tenía pruebas más contundentes del supuesto tráfico, decidió no intervenir. «Al día siguiente, a la misma hora, en el mismo sitio» se volvieron a encontrar. «Es mi barrio», justifica. Ni cortos ni perezosos y aprovechando que «es una zona aislada, me engancharon entre dos, me tiraron al suelo y me dieron de patadas, también usaron una barra de hierro». Algún vecino vio la escena y avisó a la Policía. «Porque me conseguí zafar, si no igual no lo cuento». Entonces, llegaron patrullas de la Ertzaintza y la Policía Municipal y detuvieron a los dos agresores. «Se consideró una falta de lesiones, entraron por una puerta del juzgado y salieron por la otra». Hasta el momento, siguen impunes. El juicio se ha señalado hasta en tres ocasiones, pero los acusados no se han presentado en ninguna. «Están en paradero desconocido».
35 antecedentes
Por fortuna, no ha vuelto a verles por el barrio. El veterano agente, que lleva doce años de servicio, comprobó que entre los dos, de 27 y 30 años, sumaban 35 antecedentes por amenazas, agresiones, hurtos y robos desde 2002. Él sufrió lesiones en la espalda, quedó tocado de las cervicales y tuvo que acudir un mes a rehabilitación. Estuvo mucho tiempo de baja, «los primeros quince días me dolía todo».
«Lo peor», sin embargo, no fueron los golpes, sino que «en el trabajo no tienes asistencia letrada salvo en el caso de que te denuncien a ti, no tienes ningún asesoramiento». De forma extraordinaria, y gracias a que se lo pidió directamente al director de la Policía y lo metió por registro, pudo contar con un abogado sin tener que pagarlo de su bolsillo. Ahora, va por la calle y piensa en lo que haría si se encontrara con un delito flagrante: «¿te metes y te arriesgas a que encima te denuncien a ti?», se pregunta.
No son pocos los agentes de la Policía Municipal de Bilbao que tienen algún caso personal o próximo que contar. Recientemente, durante una identificación rutinaria en la zona centro, el sospechoso, «que iba puesto de algo, se giró y le pegó un puñetazo a un compañero que le rompió el tabique nasal». En otra intervención, hace dos años, tres agentes resultaron lesionados cuando iban a cachear a unos jóvenes que estaban traficando con marihuana en San Francisco. Uno de ellos se revolvió y empezó a golpearles. En la refriega, uno de los policías cayó al suelo. Les condenaron por un delito de lesiones a una multa de 20 euros por 30 días, que no saben si pagaron. Lo normal es que se declaren insolventes. «Si no pasas por el forense y las lesiones son serias, se queda en una falta», protestan.
Otra patrulla de la comisaría de Cantera sorprendió a un individuo «haciéndose un coche», que le soltó «un puñetazo en un pómulo» a uno de los patrulleros. El delincuente llegó a presumir ante los policías: «¡Total, como me va a salir gratis, porque soy insolvente...!».