La elección de Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general del PSOE por una corta diferencia sobre Carme Chacón despeja la principal incógnita que atenazaba a los socialistas tras la debacle padecida en las generales del 20-N y obliga a su nuevo líder a realizar un especial esfuerzo de integración respecto a quienes no le han secundado. El 38 congreso socialista se ha decantado a favor de la contrastada solvencia política que encarna Rubalcaba frente a la prometedora figura que podía representar Chacón, y ha optado por una adecuación sosegada del partido a los difíciles tiempos que le esperan evitando acelerar el paso de una transformación incierta. Fue la exministra de Defensa quien situó al congreso de Sevilla ante la disyuntiva de disponerse a atravesar el desierto o aspirar de inmediato a la victoria, de optar por una solución provisional o por una secretaria general que había anunciado su propósito de ser candidata a la presidencia de Gobierno en 2015. Y los delegados, sin duda conscientes de que el PSOE no está en condiciones de acortar los plazos electorales, se inclinaron por una gestión menos precipitada de la devaluada herencia que la nueva dirección socialista deberá administrar. Quizá también porque frente a la promesa de la alternativa inmediata que Chacón pretendía prefirieron contar con la «oposición útil» que Rubalcaba puede personificar sin más dilaciones frente a la mayoría absoluta de Rajoy. Por otra parte es probable que la inmensa mayoría de los delegados compartieran el pálpito de que, tras el congreso, sería más viable reactivar un partido unido bajo la autoridad de Rubalcaba que bajo el liderazgo de Chacón. Ello teniendo en cuenta también que los retos electorales de las autonómicas en Andalucía y en Asturias el próximo 25 de marzo comprometían menos al primero que a la segunda. El alineamiento del socialismo vasco tras la candidatura de Rubalcaba exige que Patxi López y los demás dirigentes del PSE-EE contribuyan a clarificar el significado último de la apuesta del nuevo secretario general por «un partido federal y no una confederación de partidos». Sencillamente porque configurar una formación más centralista en sus mecanismos decisorios que el propio Estado de las autonomías no solo afectaría al desarrollo de éste sino que podría afectar a las formas concretas en las que en España se realiza el Estado del bienestar.