Fernando, Eric y Juan David son tres de muchos. Tres de los cientos de personas que luchan contra ese enemigo imprevisible e incontenible que esta semana ha tomado Vitoria. EL CORREO ha pasado una jornada con ellos para saber cómo ponen al mal tiempo buena cara y se enfrentan a la nieve, el frío y el hielo que dificulta el normal funcionamiento de Álava. Fernando conduce un quitanieves desde hace 19 años, mientras que Eric y Juan David son parte de los 25 contratados por el Ayuntamiento para reforzar la limpieza de las calles.
Fernando Quitanieves foral
«Lo más frustrante es que no te dejen hacer tu trabajo»
Los cinco grados bajo cero que marca el termómetro en la cumbre de Herrera, a 1.100 metros, no le importan. Tampoco las placas de hielo sobre las que conduce. «Es cuestión de ir fino, despacio y tener en cuenta las inercias para cuando patines, que lo harás», relata. Alguna que otra vez ya se ha visto en la cuneta. «Son cosas que pasan».
Lo único que molesta a quienes se esfuerzan por hacer transitables los pasos cerrados por el temporal es «la falta de colaboración de algunos conductores». Mientras relata sus anécdotas, aparecen tres coches que se han saltado la prohibición de circular por esta carretera. «Siempre hay una excusa: que no han visto la señal de 'Puerto Cerrado' o que vienen a disfrutar de la nieve. En una ocasión me adelantó un trailer mientras abríamos Opakua», recuerda.
Y es que uno de los mayores problemas con que se encuentran los quitanieves son los conductores que taponan las carreteras y no les permiten llegar hasta el lugar donde hay una incidencia para solucionarla. «En la autovía, por ejemplo, hay quien en vez de circular en fila y despacio por el carril derecho -el código obliga a ello cuando nieva mucho-, se pone a adelantar. Si se usan los dos carriles, al final se colapsarán ambos, las quitanieves se quedarán atrapadas en el atasco y no habrá forma de solucionarlo. A nadie se le ocurre impedir el paso de una ambulancia en un accidente, pero con la nieve es como si nos volviéramos locos. Yo he llegado a ver cómo un coche se metía entre nosotros y la patrulla de la Ertzaintza que nos habría paso».
Eric Equipo de refuerzo
«Es una labor que tenemos que hacer entre todos»
Eric trabaja a un ritmo frenético. Él es uno de los jóvenes contratados por el Gabinete Maroto como refuerzo en la lucha contra el temporal. «Esto es la guerra contra el hielo. Y ya pueden bajar los chavales a hacer muñecos para ayudarnos a quitar la nieve, porque hasta que no haya nada no paramos», comenta con entusiasmo. Sabe la importancia de su trabajo. «Los empleados del Ayuntamiento están haciendo turnos dobles, así que aquí estamos nosotros también», dice.
Van bien pertrechados para la batalla. «Tenemos cuarenta palas, sacos de salmuera, cubos... Tenemos de todo». Un arsenal con el que ya se han familiarizado los integrantes del equipo, convertidos en expertos. «Empezamos el jueves, el viernes nos centramos en Salburua y Zabalgana. ¡Y a seguir hasta que pare de nevar, hasta que llegue la primavera, digo yo!»
Ni se cansa, ni pierde el buen humor, pero tampoco evita la ayuda. «Este es un trabajo que tenemos que hacer entre todos. En mi barrio, Abetxuko, hasta los vecinos están echando sal. Así que si no colaboramos todos…», argumenta motivado por el orgullo de saber que puede ayudar a sus convecinos. «Estamos bien abrigados, tenemos equipo… Si no la quitamos nosotros, ¿quién la va a quitar?», se plantea antes de echar un vistazo al resto se sus compañeros del colegio Ignacio Ellacuria, que trabajan a destajo para resquebrajar el hielo.
Juan David Equipo de refuerzo
«Contribuimos a que Vitoria no se colapse por la nieve»
Mientras, Juan David se mueve con soltura entre el batallón armado con palas que arremete a golpes contra el hielo de la mediana de la avenida Juan Carlos I, en Salburua. Él es otro de los miembros del equipo de refuerzo municipal y alumno también del Ignacio Ellacuria. «Trabajando aquí nos sentimos bien, cómodos. Con un poquito de frío, pero bueno...», asegura entre golpe y golpe. «Estamos contribuyendo a que la ciudad salga un poco del colapso de la nieve, apoyando la causa», añade orgulloso.
«Aquí estamos todos los compañeros del curso de pintura y forja. Nos han llamado, y hemos venido sin dudarlo, son unas horas extras, pero también sabemos que tenemos la posibilidad de que luego nos puedan llamar a alguno para otro sitio», confía Juan David. Y es que esta es la oportunidad perfecta para demostrar sus aptitudes, y de paso contribuir al bien común de Vitoria. «De momento, sabemos que cuando nieve mucho nos van a llamar», augura.
Su misión se convierte en imprescindible a la hora de permitir que los residentes del nuevo barrio puedan cruzar las calles sin miedo al resbalón. Palas y sal se coordinan para abrir una senda en este tramo de calle que conecte los dos pasos de cebra que conducen a los márgenes de la avenida. «Nos han explicado cómo hacerlo, que hay que echar sal por los pasos de cebra y por las aceras pegadas a la fachada, que es por donde camina la gente», apunta el joven.
No es lo único que les han aportado sus monitores que supervisan el trabajo. «Nos han puesto el equipo, los buzos…». Un buen anorak y el chaleco reflectante se suman a los cálidos guantes y botas que conforman el uniforme. «Este barrio es grandísimo y por eso hace falta toda la ayuda posible. Y aun así nos quedan bastantes trozos sin hacer. Pero esto es ir poco a poco», asume con resignación, pero dispuesto a seguir echando un cable.