«Lo más intenso, lo más gratificante, ha sido ver a los compañeros de Euskadi aguantar, no dejar de soñar por ver el final de ETA». José Luis Rodríguez Zapatero se despidió ayer de la secretaría general del PSOE con un encendido alegato a favor de su gestión, pidió disculpas por los errores cometidos e intentó explicar el porqué de sus decisiones más controvertidas. Pero también quiso sacar pecho en lo que se refiere a la paz y al abandono de las armas por parte de la organización terrorista. Lo hizo con un discurso emocional respondido poco después por el lehendakari, Patxi López, quien durante su intervención ante los cerca de mil delegados presentes en el congreso socialista de Sevilla subrayó que «solo por su contribución a la paz en Euskadi y la confianza en la sociedad vasca, el Gobierno de Zapatero ha valido la pena».
Será hoy cuando el PSOE elija a su nuevo líder que saldrá de entre Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón. Las votaciones apuntan a un resultado muy ajustado. El ganador del duelo se desvelará alrededor de las 14.00 horas. Será entonces cuando se conozca a la persona que relevará a quien ha sido secretario general del partido desde 2000, que ayer se despidió a punto de llorar de sus compañeros.
Fue una intervención que se prolongó durante poco más de una hora. El espacio que reservó a Euskadi no fue demasiado extenso. En realidad, apenas ocupó un par de minutos pero estuvo cargado de una importante carga sentimental. De hecho, fue una de las partes más aplaudidas por unos delegados que durante el tiempo que Zapatero estuvo sobre el estrado le interrumpieron con aplausos en una treintena de ocasiones; eso sí, sin demasiado entusiasmo.
El ya exsecretario general echó la memoria atrás. Al congreso que el PSOE celebró en 2008 tras ganar por segunda ocasión a Mariano Rajoy. Pero no para recordar la victoria sobre el PP. «Recordábamos a Isaías Carrasco, el último compañero que había sido víctima de ETA. Fue un recuerdo especialmente duro de aquella campaña», rememoró Zapatero entre la ovación de los presentes, entre los que estaban Jesús Eguiguren y Rafaela Romero, amigos del que fuera edil del PSE en Mondragón.
Memoria de las víctimas
Zapatero aseguró que durante su mandato, tanto como líder del PSOE como presidente del Gobierno, había apoyado «a todos los que habían trabajado en esta tarea», en la de lograr la paz y derrotar a ETA. Convencido de la labor que desarrolló durante sus ocho años en La Moncloa, se mostró seguro de que los socialistas «tenemos que sentirnos satisfechos» por los objetivos conseguidos, y mostró su esperanza sobre el final definitivo de la violencia. «Es muy probable que nunca volvamos a tener una muerte a manos de ETA», manifestó Zapatero, quien también defendió el papel de las víctimas. «Estamos comprometidos y obligados a mantener su memoria», afirmó.
El cierre de su intervención estuvo dedicado a ensalzar el papel del PSE. A pesar de la desafección de los últimos tiempos, cuando su sintonía con el PNV abrió una importante fractura entre el exsecretario general del PSOE y los socialistas vascos, Zapatero optó por pasar página y centrarse en el sufrimiento generado por el terrorismo durante los últimos 50 años. Destacó la necesidad de construir la «convivencia» en el País Vasco y recordó que «nos hemos dejado tanto en el camino». «Mi reconocimiento para siempre a los compañeros de Euskadi», apostilló Zapatero.
Sus palabras fueron correspondidas poco después por Patxi López. El secretario general del PSE tampoco quiso centrar su discurso en la paz. Fue un mensaje de consumo interno; apelando a la unidad del partido tras un congreso que se prevé convulso. Solo hubo una referencia al final de la violencia. Y, como Zapatero, López olvidó rencillas pasadas y se volcó en el halago. «Solo por su contribución a la paz en Euskadi y la confianza en la sociedad vasca, el Gobierno de Zapatero ha valido la pena», resaltó.