Lisabö (Irún, 1998) ha desarrollado una música experimental y personal que ha ido evolucionando disco a disco en su sonido de rock alternativo con trazos de hardcore y noise. Los Fugazi guipuzcoanos, que se mueven dentro del postcore o el post-rock -en la onda de sus paisanos Dut- también han sorprendido por su inusual formación con dos baterías. Karlos Osinaga (guitarra, voz) y los suyos presentan hoy en la sala Jimmy Jazz (21.00 horas, abren Pájaro 1 Pájaro 2) su último álbum 'Animalia lotsatien putzua' (El estanque de los animales tímidos), calificado dentro de la escena como uno los mejores discos nacionales de 2011. «Aunque suene a falsa modestia, lo que más esperas es la reacción más cercana, no pensamos en llegar tan lejos. Simplemente con transmitir a una sola persona ya es mucho, es cuando funciona el diálogo», apunta el músico y productor.
A los guipuzcoanos les va el juego de contrastes, «la búsqueda de paisajes que te hagan reflexionar, porque es a la hora de recibir esos estímulos cuando puedes decidir si las canciones resultan pesadas o liberadoras». La de Lisabö es una 'añada' musical privilegiada, denominación de origen cuenca del Bidasoa. «Sobre todo he sido público. Ya en Irún en los 80 y en Hondarribi siempre había un montón de bandas. Está guay, porque te termina contagiando. Y ayuda que sea un sitio pequeño, y además no nos llevamos muy mal», ironiza. En su área, musicalmente estratégica, ganan terreno los ecos emotivos. «Dicen que somos unos llorones, pero somos realistas».
Letras oscuras
Justifican su predilección más bien nihilista -aunque no por ello menos intensa- a través de las letras con el sello de Martxel Mariscal. «Aunque no me gusta el adjetivo, son letras oscuras a la hora de describir las cosas, pero no a la hora de analizarlas. No creo que sean pesimistas, el ser optimista con su dosis de realismo pasa por observar y conocer la realidad, y nuestra música tiene mucho de eso». Por eso proclaman en sus temas frases como 'La vida es tan amarga como bella'.
Lo hacen en clave de post-rock y en euskera. «Siempre adjuntamos libreto con traducciones a francés, inglés y castellano. Pero a las primeras semanas de sacar disco comienzan a circular las traducciones de los fans, y es una pasada, porque es gente que se ha movido por lo mismo que nos movemos nosotros. Al margen de cantar en euskera, con lo que supone, es bonito poder hacer 'click' con otra persona, que la comunicación fluya», da fe Osinaga.
Lisabö dio forma a las bases de su último trabajo en un mes, aunque cambiaron el esquema pocos días antes de entrar al estudio. «A la hora de crear e intentar sacarlo todo, la evolución se multiplica a un gran nivel. Lo que se podía hacer en circunstancias normales se realizó en pocas semanas. Esa 'improvisación' ha afectado a que haya quedado un disco más intenso, crudo, más concreto y directo. Hay menos pasajes suaves, momentos más violentos. Pero no hemos sufrido en el estudio (risas), ni mucho menos, lo hemos pasado muy bien grabando».