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Chócala de nuevo, Josemi

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Chócala de nuevo, Josemi

03.02.12 - 02:24 -
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«Al último partido vino con la txapela que le regalamos». Lo cuenta Joserra Urizar, presidente de Asociación de Antiguos Alumnos de Indautxu y de la Federación Española de los mismos. Está consternado. No es el único. Porque José Miguel Goldaracena, Josemi, marcó a muchas generaciones de Bizkaia y de fuera de ella. Mucha culpa tuvo su dogma vital. La Trinidad, según Josemi. No hablo de la religiosa, que también siendo como era sacerdote, sino de la que se dividía en «Colegio-Loiola-Athletic». El primero, lo llevaba en el zurrón de los sentimientos. «Era un bonachón que intentaba pasar desapercibido». Lo afirma Iñaki San Sebastián, compañero de la promoción del 55. Una sentencia, sea dicho de paso, por todos compartida.
Y vale tanto para el Josemi alumno, el profesor o el directivo. Txetxu Hormaechea le recuerda sonriente en las últimas reuniones de veteranos. «El Loiola lo montaron cuatro, Mendibelzua, Larrea, Ibon Bengoa y él». No puede evitar sonreír al evocar sus esfuerzos para simular enfados. No estaba en su naturaleza. Él era más de palmadas en el hombro. De hecho, su mote era 'Soso'. Pero no por insulso, sino por carecer de «momentos vinagre». Lo que se dice un bonachón.
Aunque no le tembló el pulso cuando se enfrentó al totalitarismo y a la falta de libertades. Dicen que le costó el ostracismo. Muchos lo aseguran aún hoy. También coinciden en su amor por su segunda hipóstasis: el Loiola. Pero no sólo de fútbol, sino de toda disciplina deportiva. Juanjo Moreno apunta que fue Josemi quien montó el primer grupo de baloncesto del centro. No es que fuera un deportista nato como su hermano, portero de fútbol, pero creía a pies juntillas que el deporte ayuda a mantenerse cerca de la gente. Cuánta razón tenía. Por eso hoy le lloran todos. Saben que bastaba con hacer una llamada para que acudiera. Como el 11 de enero, cuando Moreno tuvo que ir de Loyola a Pamplona y le llevó Josemi. «No sólo me ayudó, sino que lo aprovechó para hacer una escapada y ver al equipo».
Es lo que tiene la pasión por el fútbol. Y con ello cerramos la trinidad, con el Athletic. O, lo que es lo mismo, con la familia. Así lo proclamaba, cada vez que dos equipos de Bizkaia se enfrentaban. «Luego haced las paces, que todos somos del Athletic». Esa era su sentencia. Cómo sería, que siendo director de los Jesuitas en Donostia, sufría un potosí cada vez que criticaban a nuestro club. Seguro que estos días le llorarán rojiblancos como Noriega, Asier y compañía. Y también en Ibaigane.
Ellos saben que Josemi mantenía que su gran logro había sido «la evangelización del Athletic por Gipuzkoa». Ahí queda eso. Un difundir, con aire botxero. Porque era de Bilbao hasta la médula. Le dolía la lejanía. Por eso regresaba cada fin de semana, para ver al juvenil y al cadete. Rezaba un padre nuestro antes de empezar y consolaba o felicitaba, según resultado, a todos los chavales. Tenía 73 años y seguía sin fallar. Siempre apoyando. Con una liturgia que muchos echarán de menos. Su chocar de manos al entrar y salir del vestuario. El que llevaba cariño, ilusión y ánimo. Nos queda el eco de los que nos dio. Bastará con acercarse a la banda, para poder escucharlos de nuevo. Agur Josemi. Que sigas sonriendo por ahí. Y saluda a San Mamés de nuestra parte.
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José Miguel Goldaracena.
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