Todavía no ha sido necesaria la mano dura. Euskadi ha registrado 250 denuncias por incumplimiento de la ley vasca del tabaco desde que fue aprobada hace un año, pero no se ha impuesto ninguna sanción económica. Ha bastado con mandar cartas de apercibimiento a los establecimientos que no cumplían con la normativa. Una prueba más del altísimo nivel de aceptación y apoyo a la legislación. La mayoría de las llamadas de atención han recaído sobre el sector de hostelería (199 casos) y en menor medida sobre los centros de trabajo (10).
Bizkaia encabeza el número de denuncias (124), seguida de Álava (81) y Gipuzkoa (45). Un panorama halagüeño a juzgar por la rueda de prensa de ayer, en la que intervinieron Rafael Bengoa, consejero vasco de Sanidad; Celina Pereda, directora de Drogodependencias del Ejecutivo autónomo; y Mertxe Estébanez, directora de Salud Pública. Sin embargo, no dejaron de hacer hincapié en las infracciones mucho más frecuentes que se dan en los locales de ocio nocturno y en los establecimientos alejados de los grandes núcleos urbanos. La ley debe respetarse las 24 horas del días pero no todo el mundo está por la labor.
En cuanto a las dos grandes asignaturas pendientes -espacios deportivos y sociedades gastronómicas- se hizo referencia expresa al futuro San Mamés, en la confianza de que, al igual que el Camp Nou, acabe convirtiéndose en un ámbito libre de humos. En la línea de todos los estadios de la Premier League inglesa.
Contra mujeres y niños
«Avanzaremos a medida que los ciudadanos vayan tomando conciencia de sus derechos. Dejar fumar a alguien en un lugar prohibido no es un favor para nadie. ¡Es una agresión para el resto!», recalcaron los protagonistas de la comparecencia de ayer. En opinión de Bengoa, de lo que se trata es de ir al ritmo de la sensibilidad de la población. Ni se contempla la prohibición en las playas -como se ha hecho en algunas zonas de EE UU-, ni se considera urgente la proscripción del tabaco en los coches donde viajen niños. Aunque esto segundo, tarde o temprano, se regulará porque, según los expertos, la concentración de humo es altamente tóxica para los menores de edad.
Los más jóvenes merecen una protección especial, «porque la industria del tabaco los sigue teniendo en su punto de mira», recalcaba ayer el consejero de Sanidad. Desde la década de los años 80, niños, adolescentes y mujeres sufren el acoso de las grandes marcas, «y eso debemos combatirlo con firmeza». El mercado de la nicotina quiere asegurarse su futuro, por eso las campañas «y tácticas manipuladoras» son cada vez más sibilinas. No renuncian a su poder de influencia en Europa y EE UU. «Está clarísimo que nuestro enemigo es la industria del tabaco, no los fumadores», concluyó el máximo responsable de Sanidad del Gobierno vasco.