Dos fueron los comentarios que más se repitieron ayer en los corrillos de la capital vizcaína: ¡qué frío! y ¡qué bonito! El frente siberiano que ha dejado Euskadi helado se coló también en Bilbao y la nieve, que en raras ocasiones hace acto de presencia, cayó con persistencia durante gran parte de la jornada. Aunque no cuajó, las cumbres teñidas de blanco del Pagasarri y el Ganekogorta dotaron a la villa de cierto carácter alpino. «¡Parece un cuento!», exclamaba Eider Ibarrondo, escenógrafa de 29 años, mientras observaba el panorama.
Los termómetros se situaron en torno a los dos grados durante todo el día, sin embargo, la humedad y el viento provocaron que la sensación térmica fuera de más frío. El zarpazo invernal provocó que la gente sacara del fondo del armario su ropa más abrigada y se enfundara dentro de sus bufandas, guantes, paraguas y gorros. «A la mañana casi se me quedan los dedos de las manos congelados», apuntaba Yussef Ilaslaul, un marroquí de Tetuán que nunca había visto nevar en la urbe.
No es el caso de Victoria Fuentes, que a sus 94 años llevaba ya muchos temporales a sus espaldas y reconocía que le «entusiasma ver cómo caen los copos porque le dan mucha paz y tranquilidad». Aunque es de Muskiz, lleva media vida viviendo en el barrio de Indautxu y recordaba con nostalgia las grandes nevadas de antaño. «Antes, para ir desde Somorrostro a Bilbao en días como estos teníamos que poner las cadenas de lo malas que estaban las carreteras», afirmaba. «Además, cuando era niña, del frío que hacía tenía que ir a la escuela forrada de lana de arriba a abajo. En cambio, ahora no sé que pasa , pero hace más calor y llueve menos», añadía.
El desplome de las temperaturas provocó que tiendas como la de Natura en el Casco Viejo no pararan de vender gorros, bufandas, guantes y mantas durante todo la mañana. El día también favoreció a colectivos como el de los taxistas, quienes tuvieron la sensación de que «el tema se movía un poquito más». Para Iñaki Bilbao, un profesional del volante afincado en Etxebarri, ver la llegada de la nieve le resultaba un fenómeno de «gran belleza», pero al mismo tiempo, lo consideraba una «amenaza» porque «para toda la gente que trabaja en la carretera es algo que genera bastantes complicaciones».
Lourdes Martín, una vecina del barrio de Bolueta, disfrutaba «como una niña» viendo caer los copos. Pitillo en mano salió del bar donde se encontraba sólo para deleitarse con la estampa. «Hacía tiempo que no caía con tanta fuerza en Bilbao», aseguraba. Con respecto a la bajada de los termómetros, señaló que «el frío se combate poniendo la calefacción en casa».
Algo más complicado tuvieron el día todos los profesionales que trabajaron al aire libre. Para Patxi Giménez, vigilante de la OTA en la zona centro, la jornada fue «bastante dura» ya que la humedad consiguió que el frío se le metiera «hasta los huesos». A pesar de haberse tomado un caldo caliente por la mañana y un café por la tarde para tonificar el cuerpo e ir abrigado para la ocasión con ropa interior larga, camiseta térmica, botas de montaña, dos polares, gorro y un cortavientos, reconoció que la jornada se estaba haciendo «bastante larga».
Duranguesado
Un manto blanco cubrió ayer los municipios del Duranguesado, pero apenas causó problemas de circulación. El puerto de Urkiola permaneció abierto al tráfico con cadenas y a media tarde, la carretera estaba limpia. «Parece que esta vez la Diputación se ha puesto las pilas y están trabajando a tope con los quitanieves y arrojando sal. Esperemos que por fin se haya superado el problema que nos aislaba cada vez que caían unos copos», explicaba Iñaki Basaguren, dueño de un restaurante ubicado entre Urkiola y Otxandio. El valle de Atxondo, otro de los puntos negros de la comarca, utilizó ayer dos toneladas de sal para mitigar los efectos en los accesos a las viviendas diseminadas por la zona. Hoy, se volverá a distribuir la misma cantidad.
Nervión-Ibaizabal
Quienes más sufrieron los efectos de la ola de frío fueron los vecinos de Orduña. Desde primera hora de la mañana se cerró el puerto al tráfico de camiones y seis familias tuvieron que renunciar a llevar a sus hijos a la escuela porque se suspendió el servicio de autobús. Los residentes en las aldeas de la Junta de Ruzabal también vieron trastocados sus planes. Ainhoa Álava, de Lendoño de Abajo, recordaba que al volver de su granja en Lendoño de Arriba «nos las hemos visto y deseado para llegar». En Mendeika, Pedro Quintana confirmaba que «en la carretera había mucho hielo y con el 4x4 puedes circular pero si no está muy difícil». «Yo he venido a ver a mis suegros y a dar de comer a sus animales porque aquí te puedes meter una culetada en cualquier momento», bromeaba.
Margen izquierda
Las nevadas apenas causaron complicaciones en el entorno de la Zona Minera y la comarca de Las Encartaciones. En los puntos habitualmente más problemáticos, como La Arboleda, se tomaron precauciones desde primera hora con quitanieves . Protección Civil de Balmaseda se mantuvo alerta durante todo el día. «La nieve únicamente ha cuajado en los campos»., informaban. Como medida de precaución, a las once de la mañana se desalojó el instituto de la villa, ya que gran parte de su alumnado procede de municipios más septentrionales como Carranza o Trucíos.
Busturialdea y Lea Artibai
Mendata y Nabarniz fueron de los pocos municipios de Busturialdea donde cuajó la nieve. Desde el mediodía, un ligero manto blanco cubrió ambas localidades y los quitanieves funcionaron a pleno rendimiento para facilitar el tránsito de vehículos. «Esta tarde -por ayer- echaremos sal porque va a helar y hay que intentar que no se formen placas de hielo», señalaban fuentes municipales. En el resto de la comarca, al igual que en Lea Artibai, la nieve cayó de forma intermitente.
Margen Derecha
La nieve caída durante toda la jornada no llegó a cuajar lo suficiente para causas problemas circulatorios o caídas de peatones. Un portavoz de la Ertzaintza confirmaba que la «normalidad está siendo la tónica en toda la red viaria» de la zona, en la que los pequeños copos no pasaron de ser una mera anécdota. Las nevadas tampoco llegaron a afectar al normal funcionamiento del aeropuerto de Loiu, en el que los aviones despegaron y aterrizaron sin mayores problemas.