El quinteto guipuzcoano y euskoparlante Lisabö es desde sus inicios un icono del indie pop español, ese que sobre todo se expresa en inglés. A Lisabö les da pábulo la prensa especializada más al día, han llegado a editar en sellos señeros indies como Acuarela, y sus conciertos son akelarres memorables, según cuentan los cronistas. Lo malo es que no se prodigan: no giran extensamente, no publican discos con regularidad&hellip Desde el calor de su hogar y junto a sus dos gatos, explica Karlos Osinaga, guitarra y voz: «Básicamente no tocamos mucho, sobre todo lejos, porque nuestros trabajos nos lo ponen difícil. Es igual que le ocurre a cualquier banda». Como lo pone a huevo, le preguntamos de qué curran y responde: «Yo vivo de trabajar grabando discos y como técnico de sonido en directo. Los demás, de todo un poco. Hay otro técnico de sonido, algún estanquero, psicólogos, educadores sociales...».
Insistimos en que han logrado romper fronteras y barreras idiomáticas, y reflexiona Osinaga: «Que la gente hable tan bien de uno es muy agradable. Si es sincero, resulta agradable. Y sobre todo si cuentan algo que tú querías transmitir. Cuando esto sucede es como si se lograra completar el círculo de esa comunicación. Sugieres algo y alguien lo recoge. Otros nos ponen bien por seguidismo. Otros nos echan flores exageradamente, quizás. Pero bueno. Es como quien nos pone a caldo. No será para tanto en ningún caso. De todos modos, que gente con criterio opine que lo que haces está bien es un motivo de alegría. Sin duda».
Karlos evoca que Lisabö arrancaron «en Irun, allá por 1997. La media de edad será de 33 años, por ejemplo. El grupo se formó por arte de magia». Divaga al referirse a sus influencias, pero se les suele comparar con Fugazi, a los que han asimilado con rigor, vigor y personalidad. 'Animalia lotsatuen putzua' es la última referencia de Lisabö, escarpada y a veces agónica. Además resuena siempre eléctrica, incluso en los marasmos que les sirven para lanzar recitados marcados por Laboa. Aparte palpita la vibración metálica del post-hardcore de Fugazi, vibra la pesadez de Helmet/Dut y hay amagos del post-rock también metalizado de los Russian Circles.
Sus textos son viscerales y los firma Martxel Mariskal, quien tuvo una banda que atendía por Beti Mugan. Le avala Karlos: «Desde 2007 escribe todas las letras de las canciones de Lisabö. La mejor forma de saber de qué van es leerlas. Cada cual, al igual que con la música, recibirá una diferente sensación. Hablan de la vida, con su crueldad y su belleza. Del dolor. Del placer. Viajes por el interior hacia fuera. Y volviendo hacia dentro».
Mañana descargan en Vitoria (Jimmy Jazz, puertas 21 h, 10 € más Pájaro 1 Pájaro 2) y apunta el portavoz: «Pues, como en cada concierto, todo dependerá de cómo nos levantemos esa mañana. No es broma. Pero allí tenemos muchos amiguitos y queremos que salga muy bien para que todos nos lo pasemos muy, muy bien. No será muy largo para no castigar al respetable. Hará calor. Merecerá la pena acercarse».