Una pequeña aula de la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa se convierte todos los miércoles y viernes en una versión reducida de la torre de Babel. Alrededor de quince personas de distinta procedencia y diferente idioma se juntan desde ayer y cada semana, con la bibliofilia como excusa y rodeadas de diccionarios, para participar en el taller de lectura intercultural que impulsa la Diputación alavesa. En la primera sesión tocó la presentación y la primera tarea: arrancarse con el relato 'La lengua de las mariposas', de Manuel Rivas.
El castellano es el idioma que les une. Pero aunque hay asistentes nacionales en esta actividad, la mayoría de los participantes vienen de fuera. Liela Benmour es argelina y se apuntó «porque tengo muchas ganas de aprender. Quiero saber más sobre la gente de aquí para salir de mi mundo». En su casa no utilizan el idioma de Cervantes. Aunque tanto ella como su marido lo conozcan y su hija de seis años lo hable a la perfección. La madre estudia a diario y participa en el taller de lectura intercultural para «completar» su formación.
«Me encanta leer», admite, mientras reconoce que «lo que deseo es dejar atrás el miedo que muchas veces me produce hablar en público en castellano». Y lo cierto es que aunque lo hace sin problemas, no puede dejar atrás cierta «inseguridad» a la hora de expresarse.
A problemas parecidos pretenden sobreponerse los otros extranjeros que pueblan la clase. De Burkina Faso, Guinea Conakry, Pakistán, Colombia, Uruguay... Los países de procedencia son tan dispares como los hábitos de los participantes. A ellos les extraña y les atrae conocer más sobre la idiosincrasia vasca. «¿Por qué hay gente que no utiliza el euskera? ¿De dónde viene la división en autonomías de España?», pregunta Ahmed, árabe.
Iniciativa abierta
Concha Rubio dirige las jornadas y se felicita de que los temas a tratar surjan de los participantes. «Es una iniciativa abierta y que cambiará según la actitud y las inquietudes de las personas que se acerquen. Profundizaremos en la política, la familia, la cultura y todo lo que pueda parecer oportuno», explica.
En el lado de los participantes alaveses está María del Campo, de Berganzo. «A mí me gusta viajar y conectar con otras culturas. Por eso me he apuntado». Maestra de profesión, «quería contrastar otras formas de vida diferentes a la nuestra, y estoy encantada. Espero intercambiar puntos de vista distintos sobre múltiples temas con personas de procedencias diversas, porque creo que puede ser muy enriquecedor», admite. Y subraya que «una vez más, como en la mayoría de cosas de este tipo, casi todas las participantes somos mujeres».