En Italia los capitanes de barco resbalan en cubierta y caen, milagrosamente, a botes salvavidas en pleno naufragio. En España no se llega a tanto, pero que alguien pueda robar uno de los códices más antiguos y valiosos sin forzar ni siquiera una cerradura, y no digamos ya nada de montar un plan que incluya algunas armas y por lo menos un helicóptero, dice mucho de cómo está el patio. Es lo que ocurrió en julio pasado en la Catedral de Santiago, de donde desapareció el famoso Códice Calixtino, un documento del siglo XII que ni tenía vigilancia ni estaba asegurado. «El robo no fue muy literario», reconoce José Luis Corral, «pero el porqué pueden haberlo robado sí».
Por eso, este catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, uno de los mayores medievalistas españoles -Ridley Scott contó con él como asesor en '1492. La conquista del paraíso'- y 'maestro' de la novela histórica, se zambulló en un argumento que ha dado como resultado el libro 'El Códice del Peregrino' (Planeta, 21,50 euros). «Todo es ficción, menos el robo. Esto es una novela. Pero todo parte de la realidad y está documentado», le gusta avisar para que nadie se líe.
Y es que el estudio de documentos variados, entre ellos los Evangelios, llevan a Corral a «hacer un cuadro» de la genealogía de Jesucristo que puede espantar a más de un creyente. Hermanos, por ejemplo. Santiago el Mayor podría haberlo sido, y podría haber escrito su testimonio en un evangelio perdido. Que resulta estar oculto en el Códice robado. «Estaría en las diez páginas que componen la guía del peregrino escrita por Aimeric Picaud en 1135, la primera guía del Camino de Santiago», imagina Corral.
Ese 'testamento', continúa ficcionando el escritor de títulos como 'Prisionera de Roma' y 'Breve Historia del Temple' entre otros muchos libros de novela y ensayo, «podría ser muy peligroso para la Iglesia tal y como la conocemos. De ahí que haya un grupo integrista de la Iglesia católica que quiera hacerse con el Códice». Para ello contratan a alguien que contrata a su vez a dos ladrones de piezas de arte, que cuentan con la ayuda de alguien dentro de la catedral para robar sin que apenas se note. Estos personajes dan la posibilidad de tocar otro tema candente: el tráfico de arte. «Es el tercer negocio ilegal que más dinero mueve, después de las armas y las drogas», apunta Corral, que se ha estudiado el tema tan a fondo que hace poco le llamaron las autoridades griegas para preguntarle si sabía quién se había hecho con un par de obras recientemente desaparecidas. «Y con el tráfico, la seguridad, claro. En 2010, las compañías de seguros desembolsaron más de 6.000 millones de euros por pólizas de piezas de arte».