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Preciado hasta en el despido

El fútbol más humano

Preciado hasta en el despido

Manuel Vega-Arango, presidente del Sporting, ofreció ayer la cara más humana del fútbol al despedir entre lágrimas al entrenador del club

01.02.12 - 02:12 -
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El mundo del fútbol emergió ayer de esa ciénaga de superficialidad e intereses espurios en la que chapotea desde hace años por culpa del dinero, y recuperó parte de aquellos valores pretéritos que se dejó por el camino cuando mutó de deporte a negocio. Ocurrió, curiosamente, en una rueda de prensa convocada a mediodía por el Sporting de Gijón para anunciar el cese de su entrenador, Manolo Preciado, sentenciado por los malos resultados de su equipo. Pero por una vez, la conferencia no sonó a banalidades e ideas vacuas. Hubo sinceridad, emociones y sentimientos. El fútbol más humano.
Los protagonistas fueron Manuel Vega-Arango, histórico presidente del club, y el propio Preciado, hasta ayer el técnico más veterano en un banquillo de Primera: seis temporadas seguidas. Tal vez por eso, por tantos días de esfuerzo conjunto, de penurias compartidas desde la Segunda División y de sufrimiento, al máximo responsable de la entidad se le hizo muy cuesta arriba decir adiós a su preparador. «Con el máximo pesar y con tristeza, hemos tomado la decisión de cambiar de entrenador. No me gusta hablar ni de destitución ni de cese», anunció con gesto contenido el presidente, un caballero con clase, curtido en la empresa constructora familiar y que lleva al Sporting en el ADN. Vistió la camiseta rojiblanca hasta juveniles. Cuentan que acudía a los entrenamientos en coche con chófer, mientras sus compañeros lo hacían en bici, pero no cobraba por jugar porque su padre se lo prohibía. Profesional sin sueldo.
A buen seguro que ayer le pasaron por la mente todos aquellos recuerdos, sobre todo al ver sentado a su lado a un hombre que comparte su pasión por el club, que no dudó en parar los pies al mismísimo Mourinho para defender su honor e idolatrado por la 'Mareona', la afición local, por su cercanía, sencillez y bonhomía. «Tuviste la valentía, la hombría de venir con la máxima ilusión a intentar levantar un club que estaba en cenizas», continuó su discurso Vega-Arango, ya con los ojos licuados.
Intentaba contener las emociones pero no podía. Cesaba a un hijo. «Te despido con el corazón», prosiguió con un delator temblor en el mentón. Larga pausa. «Te despido con pena». Lágrimas. Resoplido de angustia. «Que acertemos todos en este momento y que tú tengas suerte», acertó a pronunciar. A sus 73 años y sin coraza bajo la que protegerse.
El despedido aguantó la compostura. El mundo al revés. Pero es que la vida le ha dado a Preciado suficientes revolcones (perdió a su mujer y un hijo) como para saber trivializar un despido laboral. Había estado a punto de subir al cadalso de la destitución en un par de ocasiones en los últimos seis años, así que la noticia no le cogió por sorpresa. Ni a él ni a nadie en el mundillo del fútbol. Ya antes de que se anunciara su cese, empezaron a surgir los nombres de posibles sustitutos. Entre ellos, los de Míchel y Javier Clemente. «Las cosas siempre tienen un final, un punto y aparte. Me voy agradecido al club y a la ciudad, donde me quedaré a vivir. Y seré socio del Sporting hasta que me muera». A su lado, un pañuelo aguantaba la pena de Vega-Arango.
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Vega-Arango intenta contener la emoción junto a Preciado, con gesto de pena. :: EFE
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