Conocer la opción bajo los palos del equipo era la única incógnita que Carlos Pouso había dejado sin despejar. Mientras las eliminatorias fueron a un solo partido, su elección fue siempre Nauzet, pero ya ante los 'primeras' y con ida y vuelta el técnico se venía inclinando por la alternancia; confiaba en Adrián para los encuentros en Anduva, y el canario guardaba palos lejos de casa. Así venía sucediendo hasta la ronda de cuartos que, como además cambió el orden de campo, propicio que Nauzet abriera la ronda y, al final también la cerrase.
Había que ver qué opción iba a tomar para esta semi y, definitivamente, el técnico rojillo pensó que iba a ser mejor que estuviera en el marco el que participó de modo directo en el pase al histórico partido. No hay titulares y suplentes en este Mirandés, pero en esta oportunidad Pouso se decidió quizás por la experiencia y la veteranía. En esta Copa todos son partícipes, de eso no cabe duda, pero llegados a este punto, al final, tiró de los más experimentados, algo que nadie puede reprochar visto que la misma receta en los cuartos de final acabó siendo la que permitió que Miranda entera, aficionada o no al fútbol, viviera una noche mágica. Para ser más exactos, unos días inolvidables para todos.
Pouso, además, se reencontró ayer con un parte clave en su pasado. Todos los caminos llevan a Roma, el axioma lo conoce todo el mundo pero en un día como hoy lo que queda claro es que todos los del fútbol iban a acabar confluyendo en un lugar mucho más próximo; el Anduva que recibe a los contrarios haciéndoles ver que se adentran en el territorio que es baluarte de los rojillos con el ya famoso lema de 'Esto es Anduva'.
Y fue allí en ese emblemático espacio reservado, donde se volvieron a entrecruzar los caminos de dos hombres que en el pasado habían compartido senda y objetivos deportivos, eso sí, cada uno de ellos con una función distinta dentro del equipo; y no en uno, sino en dos.
Timonel y remero
Cuando en un partido de fútbol se enfrentan viejos conocidos, se recurre al tópico de que maestro y alumno estarán frente a frente y habrá noventa minutos para comprobar si el pupilo ha superado a su mentor. En este caso quizás sería más apropiado decir que el que fuera capitán de la nave -en Sestao y Eibar en las temporadas 2007/08 y la siguiente-, sí, Carlos Pouso, se reencontró con uno de los que formó parte de las dos tripulaciones.
¿Le suena a alguien aquello de que «a mi me gustaría tener once 'toqueros' en mi equipo»? La frase la dijo el técnico rojillo hace bien poco con toda la autoridad moral, porque ese jugador, Toquero, al que los aficionados rojiblancos no se cansan de postular como lehendakari, era el que encabezaba la ya mencionada lista de tripulantes.
Fue él el goleador en el Sestao con Pouso en el banquillo, y ejercía la misma labor en el Eibar. Y fue ahí, en el equipo armero donde se separaron sus caminos y se hicieron algo divergentes. Toquero dejó a los guipuzcoanos en diciembre, fue un fichaje de los 'leones' en el mercado de invierno. Pouso fue destituido antes de que acabara la temporada.
Ya fuera porque se marchó el mejor ariete o porque se prescindió de los servicios del técnico, lo que ocurrió fue que el Eibar empezó a desangrarse y acabó bajando de categoría, se desplomó hasta la Segunda División B en la que aún hoy habita. Y, casualidades de la vida o, en este caso del fútbol, ayer en un estadio de la división de bronce, engrandecido por la presencia de un nuevo 'primera', es donde se reencontraron timonel y remero. Lo que no pudo verse fue el 'enfrentamiento' porque al final Bielsa dejó sentado a Toquero.