Un ambiente «insuperable»; una noche de grandes emociones; un comportamiento «espectacular» de las aficiones. Fueron solo un puñado de los grandes adjetivos que ayer utilizó el presidente rojillo, Ramiro Revuelta en Anduva, que creció física y anímicamente. El pequeño Andfiel del Ebro, más allá del resultado final, dejó imágenes para el recuerdo de los miles de aficionados que vivieron una cita para la historia; instantáneas abrumadoras, que forman parte ya del momento más brillante en la historia del equipo que llegó a enamorar a todo un país.
Desde las cinco de la tarde las aficiones de los dos equipos compartían ilusión y copas en el centro de la ciudad. Entre gritos de «¡Athletic, Athletic!» a los que se respondía con el «¡Mirandés, Mirandés!», alternaban entre cañas. En algunos bares sonó también como deferencia el himno del Athletic. Y ya metidos en conversación, solo intercambio de elogios.
En el estadio, los rojillos saltaron al terreno de juego recibidos con un «¡Sois de Primera, sois de Primera!». Cuando asomó el Athletic, les gritaron: «¡Os vamos a ganar!». La grada en la que se colocó a los 500 aficionados del Athletic estaba decorada con banderas rojiblancas. El resto del estadio lo tomaron las rojinegras. Finalmente, y pese a la gran expectación levantada por el partido, el campo no llegó a llenarse. Quedaron en taquillas alrededor de 300 de las 8.000 entradas que se habían puesto a la venta. Las más caras, de 90 euros. A ellas se sumaba el centenar que devolvió el Athletic de las 600 que le enviaron desde la sede de la calle La Estación.
En el palco, ocupó un lugar preferencial el seleccionador, Vicente de Bosque. «¡Pablo, selección!», escuchó el salmantino de la general tras poner el pie en el estadio. El Athletic estuvo representado al máximo nivel, por su presidente, Josu Urrutia; y su director deportivo, José María Amorrortu. En la grada estuvieron, entre otros, el expresidente rojiblanco Fernando García Macua o el exjugador Julio Salinas.