«La primera vez que caí tenía veintisiete años. Eso es una edad. Y menos mal. Porque la cárcel despersonaliza al individuo, lo aniquila y lo convierte en malo. Eso era y es así. No ha cambiado». Habla Pepe Villegas, un decano en la materia. Salió en libertad en 2000 después de un cuarto de siglo tras los barrotes de varios presidios del país. Al parecer, por robos. «La cárcel es violencia. Te imponen las personas con las que tienes que estar y te imponen la pérdida de intimidad. Y nada eso está en la sentencia». Zuriñe Martínez pasó un año en el trullo, hace doce, por negarse a cumplir el servicio militar. Dos experiencias dispares pero con una conclusión común: «las prisiones ni reeducan ni reinsertan, sino todo lo contrario».
Así lo expusieron ambos en la apertura del ciclo de charlas que acoge estos días el Seminario de Vitoria, dentro de Expocárcel. Se trata de una iniciativa itinerante impulsada por la Asociación Camino de Fe y Esperanza -una agrupación creada en Cantabria por un ex capellán del penal de El Dueso- que pretende acercar la realidad penitenciaria al mundo sin rejas.
Villegas y Martínez protagonizaron el primer café-tertulia para compartir sus 'Vivencias en la cárcel'. El hoy exmiembro de Salhaketa y la activista del colectivo Las Trasns, para la «despatologización» de la transexualidad, echaron la mirada atrás para revisar su pasado a la sombra y criticar abiertamente el «fracaso» de un sistema que «ha hecho de las cárceles una industria. Estás dentro, eres malo, nadie te cree y a nadie le importas».
Etarras y «privilegios»
Durante la charla, uno de los asistentes preguntó «qué hacer entonces con la gente que pertenece al crimen organizado, y que no es pobre ni marginal», al tiempo que defendía el «principio de autoridad, porque, de lo contrario, seríamos ingobernables». Asimismo, y en contraposición a lo defendido por los dos expresos sobre los «carceleros», afirmó que «lo que hace que un puesto de trabajo sea digno o indigno son las personas».
Una trabajadora del penal de Nanclares dio fe de la «diferencia abismal» entre los etarras reclusos y el resto por los «privilegios» de los que gozan los primeros. Y un miembro de la Pastoral penitenciara denunció la «tremenda pérdida de libertad» que ha supuesto la nueva cárcel de Zaballa para los internos.