Se hizo difícil por televisión reconocer al autor del gol que en el último suspiro clasificaba al Mirandés para las semifinales de la Copa del Rey y provocaba un terremoto futbolístico con epicentro en Anduva. El tanto que colocaba por derecho propio al equipo burgalés en la historia del fútbol nacional y redoblaba el reconocimiento y la simpatía general por uno de esos conjuntos modestos que cada cierto tiempo desafía las leyes de la gravedad económica que imperan en el fútbol y, sin tocar el suelo, flota sobre una vaporosa nube de felicidad. Después de un minuto largo de exultante y justificada celebración del épico 2-1 sobre el césped se deshizo el castillo de jugadores y de entre sus paredes emergió César Fernández de Las Heras Caneda (Vitoria, 1978). Su ajustado cabezazo al palo era historia. «¿Cuánto queda?, ¿cuánto queda?», preguntaba en el banquillo y entre resoplidos Carlos Pouso. Nada.
De madrugada concluyó el tercer tiempo para César, ese postpartido que congregó a la plantilla rojilla sobre el mantel en una cena «con las mujeres» programada de antemano -al margen del resultado- y acabó convertida en mayúscula fiesta. «He llegado a Vitoria a las cuatro de la mañana, alguno iba a celebrarlo más e igual no ha aparecido todavía», bromeada el excentral alavesista apenas ocho horas después de meterse entre las sábanas. En una noche, además, donde se acentuó un protagonismo al que admite adaptarse con dificultades. «El teléfono no dejar de sonar, la gente quiere hacerse fotos contigo... Uno no está acostumbrado a esto. Es una locura», reconoce. Todo ello en el día libre de la semana concedido por el técnico.
Pese a la templanza que le caracteriza, como demostró en sus serenas declaraciones instantes después de concluir el choque mientras el campo entraba en erupción y la lava de espectadores engullía a unos compañeros en pleno frenesí, el central paladeaba las consecuencias de su acierto. «Me acosté con la sensación de haber hecho el gol de mi vida, aunque ojalá haya otro más importante que el mío», aventuraba. Toda una declaración de intenciones para la doble confrontación copera de la próxima semana y también para una Liga donde el conjunto de Miranda lidera de forma incontestable del Grupo II de la Segunda B donde milita el Alavés. Salvo hecatombe, la plantilla de Anduva peleará a partir de mayo con el objetivo de que el club pueda pisar suelo deportivo profesional después de 85 años de historia.
«Nunca he disfrutado tanto»
César Caneda, de 33 años y con un expediente de largo recorrido futbolístico y geográfico -Bilbao Athletic, Aurrera, Athletic, Salamanca, Sevilla, Racing, Eibar, Cádiz, Alavés y Guijuelo antes de recalar en Miranda en el verano de 2010-, encajó la gesta colectiva del Mirandés con la amplia perspectiva del veterano. «Después de muchos años en esto he vivido penurias, con descensos (Eibar, Cádiz y Alavés) y otras situaciones difíciles, como lo del año pasado (perder el ascenso en el último partido ante el Guadalajara). Por suerte también me ha tocado esto. Algo increíble. Nunca he disfrutado tanto», simplificaba.
El futbolista rememora la acción decisiva y la falta lanzada por «Pablito (Infante)», el icono del Mirandés en esta Copa. Ese endiablado extremo que antes de acaparar portadas nacionales ya había complicado la existencia del Alavés en años anteriores. Hasta el guardameta Nauzet, a la despesperada, se incorporó en ese descuento al área del Espanyol para tratar de cazar el remate. «Iba a sacar a pierna cambiada y, normalmente, le gusta pegarle fuerte y no levanta demasiado el balón». César Caneda, como se aprecia en las imágenes, se colocaba fuera del enorme campo minado del área y arranca desde el semicírculo cuando su compañero inicia la carrera para golpear. «Yo sabía que la pelota podía llegar corta y cerca de donde iba a entrar yo. Luego metes la cabeza y, evidentemente, podía haber pasado cualquier cosa». Esta vez se coló en trayectoria descendente junto al palo del meta Kiko Casilla, que observó atónito cómo el balón se alojaba en su red dos minutos después de salvar otro remate a bocajarro de Lambarri con el que pensaba haber finiquitado la eliminatoria.
Nueve partidos coperos
Al margen de su decisivo tanto, Caneda resalta el «mérito» de la plantilla para acomodarse al ritmo miércoles-domingo que tantos estragos suele acarrear para los modestos. «No estamos descuidando la Liga, porque es lo que nos da de comer. Ahí es donde estamos dando de verdad el callo», subraya. Y es que la escuadra de Anduva acumula ya nueve encuentros coperos. Desde el inicial en Amorebieta (0-1), donde la escuadra de Pouso se clasificó después de disputar sesenta minutos en inferioridad por la expulsión de Iribas. Balompédica Linense y U. D. Logroñés sucumbieron después antes de iniciar la epopeya de los Primeras: Villarreal, Racing de Santander y Espanyol.
En Anduva, el santuario que solo ha profanado el Alavés esta temporada, la leyenda crece. Caneda le pone palabras. «No queremos despertar de este sueño».