A Maite Domínguez le es difícil entender los motivos por los que un comité del departamento vasco de Sanidad le ha denegado una subvención de 4.000 euros para comprar una silla de ruedas automática para su hijo Egoitz. Esta madre vitoriana arrancó el año con la noticia de que, al ser menor de doce años -el chaval cumplirá ocho en mayo-, no podía acceder a esta ayuda. En su lugar, le ofrecían los 1.200 euros de compensación para una manual, lo que le dejó una sensación de «impotencia total. Ellos tienen unos baremos por los que hasta los doce años no se pueden usar este tipo de sillas. Pero la manual implica que, si no te mueve alguien, te quedas parado. Estamos hablando de una persona a la que una manual no le soluciona nada. Tiene una tetraplejia completa, y esa silla corta de raíz toda su autonomía», explica a EL CORREO.
Maite lo sabe muy bien, porque desde octubre de 2009, Egoitz maneja una silla a través de un mando que mueve con la barbilla. Además, lleva incorporado el respirador que sustituye a sus pulmones, dañados también por la varicela que a los cinco años le dejó tetrapléjico. «Esa silla le dio alas, ahora puede ir al colegio, jugar con sus amigos, moverse sin ayuda&hellip Lo que pasa es que ha crecido y ya no cabe en ella, y comprar la nueva cuesta 25.000 euros», razona. Por eso, acudió a la delegación territorial de Sanidad a hablar con quien le había enviado la carta. «Me remitieron de nuevo al comité -formado por médicos de los tres territorios-, y tuve que hacer una reclamación para que se volviese a estudiar el caso en el comité que tenían el jueves, pero también me dijeron que llamase a otra de las personas que lo integran. Y el martes pasado, al hablar con esta persona, me contó que ya lo tienen todo decidido, que el comité ya está hecho y que no me dan la subvención», asegura apenada. El requisito de la edad, que forma parte de un protocolo implantado a nivel autonómico, frenó de nuevo su petición, aunque ella no se rinde.
Protocolo
Desde la dirección territorial de Sanidad explicaron a este periódico la existencia de este protocolo establecido de actuación, «que fue necesario poner para unificar criterios, porque para este tipo de dispositivos nos llegaban solicitudes para niños de cinco años. Y se vio que había una serie de riesgos, tanto para el propio paciente como para las personas de alrededor», argumentan.
Así, al tratarse de un vehículo provisto de un motor «que puede alcanzar los diez kilómetros por hora», estudiaron limitar su subvención a partir de ciertas edades. «Se entendió que había que condicionarlo también a una cierta madurez personal, y se estimó que cuando un chaval empieza la Secundaria comienza a tener cierta madurez, se da más cuenta de las cosas que utiliza. En función de este protocolo, entiendo que a Egoitz se le ha denegado por estos requisitos que se piden»,s eñalan.
«La dependencia está clara, pero no hay que olvidar que, hasta que tenga cierto nivel de madurez, como con cualquier otro chaval, tenemos que ser precavidos. Porque ahora no pasa nada, pero cualquier despiste o circunstancia puede generar una situación de riesgo», recuerdan.