Sabían ustedes que en Rock Creek Lodge (Indiana) se celebra el Festival del Testículo? ¿Han oído hablar del Combate de Cosechadoras de Lind (Washington), que enfrenta -entre otros- a la 'Patrulla coñil', la 'Gangrena de la mala' y la 'Rambulancia'? Qué cosas pasan en yanquilandia, ¿eh? Y es que sólo un país como Estados Unidos es capaz de producir fantasmadas como 'Bunraku', cuyo título hace referencia a un término japonés que incluye una mixtura de marionetas, cómic, intriga, acción y artes marciales. Todo ello agitado y revuelto en el túrmix de un juego mortal, a partir del momento en que un sujeto desarrapado llega a una violenta ciudad, donde el Mal está instalado con todas sus consecuencias.
Un tipo en la línea del enigmático pistolero Clint Eastwood en la serie de 'spaghetti-western' realizados por Sergio Leone, pero sin su personalidad, carisma y capacidad de convicción. A su lado pululan toda una serie de matones de gatillo fácil, acaudillados por el aquí histriónico Ron Perlman (qué diferencia con su interpretación en la excelente 'Drive', de Nicolas Winding Refn), y sangrientos resultados. Pero no acaba ahí la cosa, puesto que esta disparatada cinta plagia sin ton ni son secuencias de 'Sin City', 'Kill Bill' y 'Sucker Punch', con castastróficos resultados.
Fotografiado de forma efectista -es lo que le exigía el insensato director israelí Guy Moshe- por el camarógrafo bilbaíno, afincado desde hace tiempo en la industria del cine americano, Juan Ruiz Anchia, 'Bunraku' es un bodriete repleto de clichés, peleas de Kung-fu y un montón de personajes y situaciones al borde de la caricatura, capaces de producir vergüenza ajena. Para más 'inri', su excesiva duración no hace sino producir una clara incomodidad en el espectador, hastiado de tanta brutalidad inútil y de tanto personaje acartonado, sin que la presencia del exótico artista pluriempleado nipón Gackt ayude a digerir semejante cúmulo de despropósitos, reservados a espectadores nada exigentes.