La Columna de Trajano es un monumento conmemorativo erigido en Roma por orden del emperador que llevaba el mismo nombre. Ubicada cerca del Quirinal, al norte del Foro Romano, fue acabada en el año 114. Es un cilindro de mármol de Carrara de 30 metros de altura (casi 40 incluyendo el pedestal sobre el que reposa) recorrida por un bajorrelieve en espiral que conmemora las victorias de Trajano frente a los dacios, y rematada por la escultura de San Pedro. Un vestigio lejano en el tiempo, aunque presente en la cultura actual.
Y es que sus inscripciones talladas, con el formato de una crónica, podrían verse como uno de los precedentes más antiguos de las viñetas de hoy en día. El origen Tintín, Astérix, Batman, Spiderman o Akira, nada menos. En la Roma Imperial no se leían cómics, pero ya empleaban esta técnica para decorar sus monumentos. Así lo refleja el historiador y guionista Joseba Gómez, que junto con el ilustrador Josema Carrasco impartió ayer la charla-taller 'El cómic, un arte' en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa, por iniciativa de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes y Artium de Álava (AMBA).
Gómez, autor de la colección 'Ciclocirco' de la editorial alavesa Saure -está a punto de lanzar su quinto volumen-, también remonta el inicio de la historieta al Tapiz de Bayeux, un gran lienzo bordado, pieza única del arte del siglo XI, que relata mediante una sucesión de imágenes con inscripciones en latín los hechos que precedieron a la conquista de Inglaterra por los normandos. La escritura cuneiforme egipcia también le vale como ejemplo para aproximarse a los comienzos del cómic. «Era una lectura diferente, ilustraban episodios de la cosecha o las crecidas del Nilo», describe este historiador de Orduña afincado desde hace años en la capital alavesa.
Los autores de la serie 'Ciclocirco', que tiene como protagonista a un personaje que viaja en bicicleta por diferentes países para dar a conocer iniciativas relacionadas con la ecología y los derechos humanos, también expusieron en su conferencia de ayer el proceso de trabajo que siguen a la hora de dar forma a sus libros. «Partimos de una idea, a través de un personaje catalizador de la historia. Se compatibiliza con una labor de investigación, y de ahí se elabora un plan de trabajo y el esquema para un guión que le traslado al dibujante», detalla. En el siguiente paso, «el ilustrador me aporta sus propuestas, ya que nuestro trabajo se basa en la colaboración que dará como fruto el resultado final».
La sutileza de Moebius
Josema Carrasco, dibujante revelación en la última edición del Salón del Cómic de Barcelona, desarrolla su tarea «primero con boli y papel y después en el ordenador», el sistema de trabajo que se ha impuesto en el mercado actual. En el encuentro de ayer, este combo de artistas descubrió las etapas del cómic, desde la tira de 'Yellow kid' (el chico amarillo), el protagonista de una tira de prensa estadounidense publicada entre 1895 y 1898, pasando por el cómic europeo, hasta el manga. Los «aires renovadores» de Osamu Tezuka -algo así como el 'padre del Manga'- «dieron alas a este último género» y, en palabras del historiador y guionista, «sin él no se entendería el actual cómic japonés».
Dentro de este arte producido en el Viejo Continente, «mi favorito es Moebius (seudónimo del historietista galo Jean Giraud)», ya que «su dibujo es tan detallado y sutil que conmueve a cualquiera», afirma Gómez. Las disparatadas aventuras de Astérix y Obélix, la serie de historietas cómicas creada por René Goscinny, también se encuentran entre sus referentes. «Probablemente es el autor que más me ha influenciado», afirma.