Pasadas las 13.30 horas de la mañana de ayer, más de seis horas después de que ocurriera el incendio en una casa de la zona alta de Ausejo, uno de sus vecinos, Valentín Tejada San Juan, confesaba que «aún estoy en ayunas, no he podido tomar nada porque todavía tengo en la cabeza la preocupación por esos dos niños».
Por suerte, tanto esos dos niños como sus familiares, así como el propio Valentín y su esposa, no sufrieron ningún daño físico tras el incendio ocurrido sobre las siete de la mañana en la vivienda donde habitan todos ellos.
El suceso ocurrió en el número 3 de la calle Nueva, un edificio de dos plantas más trastero, en el cual, por causas que se desconocen, se produjo el incendio que, «cuando me avisaron, todavía no tenía mucha viveza, pero como había bastantes cosas allí almacenadas, de repente se reavivó y ya no pudimos hacer nada».
Por fortuna, y el propio Valentín Tejada se mostraba gratamente sorprendido, «enseguida llegaron los bomberos y se hicieron con el fuego». Las llamas afectaron de manera especial al trastero y a la segunda planta, situada bajo el mismo y en la que vive una familia de nacionalidad rumana, que tampoco sufrió daños personales, aunque la vivienda ha quedado muy afectada, por lo que el Ayuntamiento le ha ofrecido un alojamiento alternativo.
También a Valentín y a su esposa les aconsejaron no volver a ocupar su vivienda, situada en la primera planta, «porque, aunque el fuego no la ha afectado, si está dañada por el agua que han tenido que utilizar los bomberos y el arquitecto o aparejador municipal nos ha dicho que al estar la planta superior dañada, podría haber algo de peligro». Así las cosas, el matrimonio se alojó en la casa de uno de sus hijos.
Valentín recordaba que, antes de producirse el incendio, «escuché cómo los vecinos de arriba se iban a trabajar», y fue un rato más tarde cuando alguien llamó a la puerta para advertirle del fuego. «Lo primero que me vino a la cabeza fueron los dos chiquillos que tiene esa familia y salí casi desnudo a ver qué podíamos hacer, pensando, sobre todo, en poner a salvo a los pequeños». Sin embargo, cuando preguntó por ellos le dijeron que ya los había sacado a la calle su madre y que estaban a salvo, por lo que intentaron apagar las llamas, algo que no pudieron hacer.
Ahora, como decía Tejada, «habrá que esperar a ver qué dicen los técnicos y los del seguro», aunque a él le costará quitarse de la cabeza la incertidumbre creada por la posibilidad de que los niños hubiesen estado en peligro.