El consejero de Transportes, Iñaki Arriola, acudirá «en breve» a Madrid para reunirse con la ministra de Fomento, Ana Pastor. El Gobierno vasco quiere conocer de primera mano los planes del Ejecutivo central en relación con la 'Y' ferroviaria vasca y, de paso, interceder por la que es la mayor obra jamás desarrollada en Euskadi. En un contexto económico endiablado donde cada Consejo de Ministros opera como una máquina de fabricar recortes, el Departamento dirigido por Ana Pastor, el más inversor, se perfila como uno de los más afectados por las medidas de austeridad y por el seguro tijeretazo en los próximos Presupuestos Generales del Estado. De resultar damnificadas las obras del tren de alta velocidad (TAV) en Euskadi, se pondría en serio peligro el compromiso asumido con Europa de conectar en 2016 las tres capitales vascas y la frontera francesa.
Cuando el PP arrasó en las elecciones generales, desde Lakua ya anunciaron que, en cuando se conociese la identidad del titular de Fomento, pedirían una reunión urgente. Así se hizo y ahora, según fuentes de Transportes, Arriola y Pastor se encuentran «cuadrando agendas» para determinar la fecha exacta de una reunión que, en todo caso, se celebrará «en breve».
En principio, en el Gobierno vasco parecen esperanzados. El mes pasado, en declaraciones a este periódico, el viceconsejero Ernesto Gasco ya avanzaba que «no sería lógica» una ralentización de las obras del TAV tanto por tratarse de un proyecto estratégico como porque, de incumplir los plazos comprometidos con la Unión Europea, España perdería ayudas millonarias.
Conexión con Europa
Incluso la propia ministra dio motivos para el optimismo cuando el pasado 27 de diciembre aseguró que su departamento priorizaría «las conexiones con Europa», apartado este en el que se encuentra la 'Y', que enlaza con Francia en Irún y forma parte de uno de los ejes prioritarios de la UE. Lo cierto es que algo hay que priorizar -y será a costa de recortar en otras líneas de alta velocidad- porque nadie duda de que el recorte en Fomento será antológico.
Sin embargo, pese a que hay señales positivas para la 'Y' vasca, no hay certezas absolutas en un entorno económico que se encrespa cada día. Y el TAV es muy caro. El Gobierno vasco ya ha comprometido 350 millones de euros este año para el trazado cuya ejecución le corresponde, el que serpentea por Gipuzkoa entre Mondragón e Irún. Supone un 27% más de lo consignado en 2011, pero hay motivos para ello: en el presente ejercicio nos encontramos en el ecuador de las obras, cuando más tajos están abiertos y casi ninguno concluido, de manera que el esfuerzo inversor es enorme. En cualquier caso, Euskadi lo que hace es adelantar el dinero, que luego le devuelve el Estado vía Cupo.
A Fomento -por medio de la sociedad pública Adif- le corresponde la ejecución de la plataforma entre Vitoria y Bilbao. Y aquí hay un problema añadido: todo apunta a que para mantener el ritmo de las obras no sería suficiente mantener el gasto de 2011, que se quedó corto. El ministerio reservó para el pasado ejercicio 133 millones y, al final, el desembolso fue de 250. La diferencia la asumió Adif con fondos propios para evitar el alto coste que supondría detener los trabajos, algo que ya ocurrió en 2010. Así que, aparentemente, ahora Madrid no solo debería repetir la inversión de los últimos doce meses, sino aumentarla si es que quiere conservar el ritmo de ejecución.