En la famosa intersección de Broadway con la Séptima Avenida en Nueva York, para unirse a la cuenta atrás del Año Nuevo, baja la tradicional bola de Times Square. Poco antes de la medianoche, la esfera comienza su descenso a medida que millones de personas se unen a la cuenta regresiva de los segundos finales del año que llega a su fin. Ésta es la secuencia más brillante -y la única- de una comedia romántica coral tan almibarada como 'Noche de fin de año', firmada por el máximo responsable de 'Pretty Woman', Garry Marshall. Un montón de actores y actrices de renombre, incluidos Robert De Niro, Hilary Swank, Michelle Pfeiffer, Ashton Kutcher, Sarah Jessica Parker, Héctor Elizondo y hasta el mostachón Zac Efron, colaboran en esta pompa de jabón.
Las serendipias se suceden en base a los rifirrafes sentimentales de toda una serie de parejas, novios enamorados, esposas embarazadas, madres e hijas, mujeres maduras y chicos barbilampiños, que se entrecruzan en diversos lugares de la ciudad, siempre con la vista puesta en el Happy New Year neoyorquino. Son personajes y situaciones trilladas hasta la saciedad, trufadas de las inevitables bifurcaciones costumbristas y un sentido del humor rabiosamente americano.
El resto es un desfile de pintorescos secundarios que amueblan la función, donde los 'gags' recurrentes, lo superficial de las acciones tratadas y el choteo general con los dimes y diretes de los estereotipados personajes puestos en juego marcan la tónica de un producto tan inofensivo como perfectamente olvidable. Lo cierto es que, a estas alturas de la película, uno no espera que broten, como por arte de birlibirloque, clones de Ernst Lubitsch, Billy Wilder o Blake Edwards, pero el que suscribe ya se daría con un canto en los dientes si aparecieran los herederos de Richard Quine, Robert Altman o Mike Nichols. Pero mucho me temo que, para conseguir una comedia como 'Desayuno con diamantes', Garry Marshall aún tiene que comer muchas sopas.