Para gustos los colores. Y, aunque la ONU diga que Noruega es el país con mayor calidad de vida, Izaskun Miguel no opina lo mismo. Una visión menos optimista del país escandinavo que viene motivada por la cantidad de caídas al resbalarse con el hielo, del frío que no sabe como ahuyentar y las carísimas listas de la compra. A pesar de estos contras, esta santurtziarra lleva dos años afincada en Moss, un pueblo al este de Noruega, donde comparte piso con otra española y relación de pareja con un vikingo. Se despierta y se acuesta cerca de los fiordos, sin embargo, durante el día puede haber estado en Polonia, Alemania, Francia, Italia e, incluso, España. Eso sí, poquitas horas. Casi no pisa tierra porque su trabajo consiste en amenizar y atender los vuelos de miles de pasajeros. La compañía Ryanair le ofreció hace dos años un puesto en su empresa y esta vasca decidió volar alto.
El destino, a veces, concede segundas oportunidades. Es lo que le pasó a Miguel. Estudió Turismo en la Universidad de Deusto y realizó el Erasmus en Noruega. «Pasé tanto frío y se hacía tan rápido de noche que me dije: 'Aquí no vuelvo'». Mira por dónde años después tuvo que regresar. Pero antes de perdonar a Noruega, estuvo cuatro meses con la beca de Leonardo da Vinci en un hotel de Florencia y se fue de vacaciones un mes y medio a Estados Unidos. Ya en el País Vasco, empezó a investigar en Internet y vio la oportunidad de presentarse a las jornadas de puertas abiertas de compañías aéreas. Pasó las pruebas y la seleccionaron.
Tras seis semanas de formación en Madrid, a Miguel le llegó su momento cumbre. Saber su próximo destino. «Como había estudiado en Alemania e Italia, les dije que no quería desplazarme a las bases de ninguno de estos países. Quién se iba a pensar que tenían una en Noruega». Sin rechistar, hizo la maleta y el 28 de marzo de 2009 voló hacia Moss, un pueblo cerca de Oslo. «A los noruegos esto les parece una ciudad. El país es muy grande en extensión, pero sólo lo habitan 5 millones de habitantes. Cuando llegué sentía que estaba en el Polo Norte. Todo blanco», recuerda.
Se fue a la aventura con dos amigas, pero sin piso ni coronas noruegas en el bolsillo. Así que los primeros cinco días los pasaron en la casa de una amable catalana que las acogió. Esta vizcaína viajó sin saber la fecha de vuelta. No pensaba que se alargaría mucho su estancia en Noruega. Pero en el trabajo le hicieron un contrato de tres años y no le quedó más remedio que adaptarse a la cultura escandinava. A ello le ayudó conocer a su actual pareja. «Es un vikingo total, grande y muy nórdico. Me ha ayudado mucho porque aquí la gente es cerrada al principio. Te cuesta entrar en su círculo de amistades. Eso sí, una vez dentro, son muy simpáticos».
«Es un sitio muy aburrido»
Lo más curioso de su trabajo es que regresa cada poco a España. Pero no de visita, sino por trabajo y sin apenas tiempo para salir del aeropuerto. Este es el destino más largo de la compañía y uno de los más solicitados. «A los noruegos les encanta viajar a la costa española. En verano los vuelos van llenos». Lo que ha aprendido con tantas idas y venidas es a diferenciar las características físicas de cada país. «Aquí llamamos más la atención las morenas y bajitas», reconoce con picardía. Y es que la mayoría de noruegas son altas, rubias y de ojos azules.
Todos los días se mete cinco horas de viaje entre pecho y espalda. A pesar de tanto trasiego, Miguel tiene tiempo de profundizar en las costumbres noruegas. Y hay algo que no le gusta nada de ellos. «Son muy patrióticos y miran al extranjero raro». Pero también tienen cosas positivas como que son muy confiados. Hasta el extremo de dejar la puerta de casa abierta. La seguridad es indudable, lo que permite que se viva bien en Noruega, pero no tanto como le gustaría a esta vasca. «Sí hay calidad de vida y los sueldos son altos. Sin embargo, es un sitio muy aburrido. El centro del pueblo es un complejo comercial y en invierno alcanzamos los -20º. Si preguntas a un noruego qué hacer en invierno, te dice que esquiar. Pero yo no sé. Y aseguran que el que tiene frío es porque no lleva la ropa adecuada».
El frío no impide que esta vasca y sus amigas salgan por Moss en minifalda y zapatos de tacón. Aunque muchas veces se cambian en el coche para no congelarse. En lo que respecta al carácter de los noruegos, Miguel dice que son un poco fanfarrones. «Les gusta aparentar que tienen dinero. Y es que el sueldo mínimo es de 2.000 euros». Además, reciben muchas ayudas para la conciliación familiar. De ahí que «tengan hijos a porrón».
Noruega es un gran país para buscar empleo. No existe el paro. Sin embargo, esta aventurera hace una matización: «El trabajo no falta, pero tienes que saber algo de noruego, y no es fácil». Ella, poco a poco, hace sus pinitos -se comunica con su pareja en inglés-. En el trabajo, además, se tiende a la flexibilidad porque en Noruega no se da tanta importancia al trabajo como al ocio. Esta vasca no se ve allí toda la vida. «No quiero poner fecha de vuelta porque siempre la aplazo. Pero como se vive en Euskadi no se vive en ningún sitio».