'Motivados para aprender. Motivados para enseñar'. Bajo este título, el profesor universitario y psicólogo Juan Amodia de la Riva ofreció ayer claves de la buena enseñanza en un acto organizado por FAPA-Rioja.
-La motivación de los padres, ¿es para ser ejemplo de sus hijos?
-No se puede pensar 'voy a decirle a mi hijo que haga esto'. No, sé tú eso y tu hijo se fijará, porque para ellos los padres son lo más, y aunque creas que no te oyen, lo hacen, incluso cuando tienen dos años.
-Muchos padres afirman estar preocupados por no saber Inglés, u otras materias escolares...
-Pero tienen interés por sus hijos. Las actitudes son lo más importante. Quizá no sepan Matemáticas, pero pueden enseñar a sus hijos a cocinar, o salir al campo, ver animales, dar un beso o un abrazo... Eso es importantísimo, es lo que tienen que enseñar los padres. Internet ha democratizado la enseñanza y, si tienes interés, lo haces. Muchos padres que no tienen ni idea de Inglés, deciden aprenderlo. No echemos balones fuera.
-¿En qué sentido?
-No decir 'es que los profesores, es que el sistema educativo...' Hay que pensar en lo que puedo hacer yo.
-Entonces, la educación no se fundamenta sólo en lo reglado...
-Si yo me siento y sólo leo un libro... Sentamos a cualquiera en seis horas en clase de nuestros hijos y se muere. ¿Qué tenemos que hacer? Dejarnos la piel en clase, buscar medios, pero creer que podemos hacerlo.
-¿Y el éxito lo medimos sólo por las notas?
-Para mí el éxito es una persona con cultura, sensibilidad, integrada, que piensa... Pero no hay una meta, la actitud que debemos tener es la de aprender cada día.
-¿Y esa curiosidad por aprender existe hoy en las familias?
-La tiene que haber. Nuestros hijos tienen que tener ganas de aprender. Uno atiende cuando lo que le están contando le interesa. Pero estamos enciclopedizando y, si yo pregunto fechas de la historia o cómo se escribe 'absorber', no lo sabemos. Una de las claves es aprender muy bien tu idioma.
-¿Cómo ve esa 'lucha' entre Matemáticas y Lengua?
-No opino sobre los planes y esas cosas. Yo enseño Matemáticas y me encantan, son aplicables a casi todo y pondría ochenta mil horas, y de Lengua otras tantas. Lo que yo haría quizá es dar menos horas, pero más aprovechadas. Hay que aprender cosas reales, que sirvan.
-Los alumnos ahora no ven esas materias como algo útil...
-Hagamos que lo vean así, tocando cosas, desarmando, con imágenes... El problema de las Matemáticas, por ejemplo, es que necesitas una buena base. Yo cojo a muchos chavales de la ESO y no es que no sepan ecuaciones, es que no saben las tablas de multiplicar. Las Matemáticas son de lo más motivador que hay cuando te las sabes, cuando te sale el ejercicio. El profesor tiene que hacer su asignatura la más fácil del mundo.
-¿Y qué hay del idioma, que antes ha dicho que es clave?
-Hay que mezclar todas las asignaturas y hacer el idioma real. Lo que no puede ser es dar diez años de Inglés y que me pongan una conversación y no entienda. Estamos en desventaja si no sabemos Inglés, porque casi todo el material que a mí me inspira está en ese idioma.
-Con la educación, todo el mundo parece pesimista hoy en día...
-No se puede generalizar, porque todos hemos tenido profesores alucinantes. Lo que sí debe haber es disciplina. Yo enseño a universitarios y al que le suena el móvil en clase sabe que debe bailar la sintonía. A nadie le suena en todo el año (ríe). Hay que enseñar cuatro cosas bien, lo que digo es serio, pero para que les entre deben estar abiertos, y para eso deben reír, pasarlo bien.
-¿Y la creatividad también es básica en la enseñanza?
-Sí, los trabajos del presente y el futuro son de gente creativa. Y no es algo innato, se aprende, como todo. Los límites y las barreras las ponemos nosotros, no nuestro cerebro.