Matices descontextualizados al margen, para evitar que a la cuestión de fondo se la otorgue género y entre en fase de 'rifi rafe'. Carlo Goldoni escribió la comedia 'I pettegolezzi delle donne' (los chismes de las mujeres) en 1751 y Grappa, nueva en plaza, sorprende al público del Certamen Garnacha de Rioja 'achicando' la obra para hacerla grande, muy grande. Sin alardes escénicos, sin abarrocamiento insulso, sin ejercicios malabares.
La compañía barcelonesa adapta el texto transalpino al concepto catalán del 'chafardeo', ejercicio de cotilleo tan propio de los latinos, simplifica el espacio donde se desarrolla, opta por la interpretación a pecho descubierto y, más difícil todavía, reduce a su reparto para tratar de crecer de forma progresiva durante el desarrollo de un espectáculo que mantiene enganchado al respetable por dos frentes.
De una parte, por la incógnita que le acompaña desde el arranque y hasta el saludo final tratando de descubrir qué secreto mecánico permite a seis actores moverse con absoluta naturalidad durante hora y media en cuclillas, sin que asome en sus rostros la más mínima mueca de esfuerzo o sufrimiento. De otra, por la evidente contundencia que muestra la compañía para explotar sus incuestionables dotes escénicas. Ritmo, agilidad, claridad en la emisión del verso; versatilidad en la gestión de los estados de ánimo, en los requiebros verbales, en la conjunción de texto clásico y guiños a sonsonetes de actualidad para alimentar la comicidad del argumento; flexibilidad para situar en la misma clave momentos hilarantes y tragicómicos sin perder el hilo de la cuestión.
Se pudiera pensar que la apuesta de la dirección por mover a los suyos a ras de suelo, presentándoles como marionetas sobre la alfombra del escenario, no deja de ser un ejercicio de disciplina. El efecto que provoca entre el público demuestra, por el contrario, que va mucho más allá. Una historia menor, en la que se pone en solfa la tendencia del personal a alimentar su vacío vital enmarañando y emborronando la vida de sus congéneres, deja a la platea con la boca abierta y el aplauso generoso. Consigue, en realidad, todo lo que quiere. Esto es teatro.