Ginger White es la quinta mujer que enturbia la campaña presidencial de Herman Cain con acusaciones sexuales, pero puede ser la que la remate. La suya, sin embargo, no es una acusación de acoso sexual, como la de sus predecesoras, sino de adulterio. Algo a lo que los estadounidenses se acostumbraron con Bill Clinton, sin que dejen de perdonar un mal mayor, a juicio de su sociedad: la mentira.
El padrino de las pizzas que hace un mes fue el favorito republicano en las encuestas se encontraba el lunes en los estudios de CNN listo para una entrevista cuando saltó la noticia de que una mujer de Atlanta había confesado a las cámaras de Fox haber tenido una relación con él de 13 años, que acabó hace ocho meses, poco antes de que Cain anunciase su candidatura. Algo que el candidato, presunto devoto de su esposa durante 43 años, niega tajantemente.
«Quiero daros a vosotros y a todo el mundo un adelanto», dijo ante las cámaras, dispuesto a manejar la noticia antes de que le explotara en las manos. El problema es que Cain no había coordinado el mensaje con su abogado. Ante CNN negó haber tenido ninguna relación sexual con White, a la que considera «una amiga a la que intenté ayudar económicamente». Su abogado, sin embargo, dijo que «esto parece ser una acusación de una conducta consensual privada entre adultos que no debe ser objeto de averiguaciones por parte del público o de los medios», zanjó.
Ayer, en conferencia telefónica, Cain dijo a sus asesores que tras las nuevas acusaciones está «reevaluando» su campaña, y prometió ponerles al corriente de su decisión para el fin de semana. Aquella sonaba a retirada, pero su portavoz J.D. Gordon aseguró que su jefe no tiene ninguna intención de retirarse de la campaña, sino que se trata solo de una evalución estratégica. «Vamos a seguir a todo gas», prometió.
Facturas de teléfono
El empresario de 66 años no ha admitido todavía ninguna culpa en ninguna de las acusaciones, pero sostiene que está preocupado por el impacto que puedan tener en su familia, que hasta ahora ha mostrado apoyo público. Es precisamente la rotundidad con la que Cain niega todas las acusaciones lo que hizo que su examante revelase el romance. «Me molestaba que las estuvieran demonizando, me sentí mal por ellas», confesó. Cuando alguien alertó a Fox de su relación, White temió seguir la suerte de las mujeres a las que Cain ha acusado de mentir para obtener provecho económico. «Quería dar mi versión antes de que alguien lo arrojara ahí fuera y lo convirtiese en algo sucio».
A diferencia de sus predecesoras, no acusa al candidato de haberla engañado. Su relación fue consentida y ella dice haber sido consciente de que era «inapropiada». Como prueba de su veracidad ha proporcionada a Fox facturas telefónicas que registran hasta 61 llamadas y mensajes de texto del móvil privado de Cain. Algunas son a horas tan intempestivas como las 4,26 de la madrugada.
«Con esta son ya cinco las mujeres a las que llama mentirosas», recordó la abogada de una de ellas, Gloria Allred. Como consecuencia Cain ha perdido diez puntos en las encuestas en solo un mes, lo que ha favorecido el ascenso del congresista Newt Gingrich, que ahora es el favorito para competir con Barack Obama en noviembre próximo.