Un transportista rumano de 36 años falleció ayer tras volcar el trailer que conducía en un viaducto de la autovía Navarra-Gipuzkoa, a la altura del municipio de Andoain. El accidente estuvo a punto de provocar el descarrilamiento de un tren de cercanías, con ochenta pasajeros a bordo, cuando una parte del vehículo, así como los restos de la valla de protección de la carretera, se desplomaron sobre las vías que discurren al fondo del viaducto. Ninguno de los viajeros resultó finalmente herido.
El accidente, según informaron fuentes del Gobierno vasco, tuvo lugar diez minutos antes de las doce del mediodía, en el tramo final de la autovía A-15. Un trailer Scania, cargado de verdura de una empresa alicantina con destino a Irlanda, perdió el control y volcó sobre su lado derecho. El conductor, llamado Valentin, quedó atrapado en la cabina, mientras la estructura del vehículo y la carga se precipitaba sobre la línea férrea desde más de veinte metros de altura, alcanzando también una carretera de acceso a la N-I que pasa por el barrio de Karrika.
Daños en la catenaria
Todos esos elementos dañaron la catenaria del ferrocarril justo cuando se aproximaba un convoy de pasajeros procedente de San Sebastián. El maquinista se encontró con los objetos desparramados en mitad de los raíles y se vio obligado a frenar. Un trozo de la valla se introdujo entre las ruedas del tren, lo que provocó momentos de peligro.
Debido al accidente, la carretera permaneció cortada a la circulación durante varias horas. El cadáver del conductor fue rescatado por un equipo del parque de bomberos de Tolosa. Seguidamente, fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de San Sebastián.
La Ertzaintza reguló el tráfico hasta las cuatro y media de la tarde. Mientras las grúas trabajaban en la retirada del trailer fue preciso cerrar la autovía desde la población navarra de Lekunberri. En ese punto, agentes de la Policía foral desviaron el tráfico por la antigua carretera a Pamplona.
Debido a los problemas de la catenaria, el tren no pudo proseguir su marcha. Después de más de una hora de espera, los pasajeros tuvieron que apearse y caminar por las vías hasta a la N-I desde donde los llevaron en autobuses hasta sus destinos.
El conductor confesó «no habíamos descarrilado de milagro», según relató uno de los pasajeros. «Menos mal que no estábamos debajo cuando ha caído toda la carga. No sé que hubiera sucedido», agregó. No obstante, a pesar de la situación, dentro de los vagones realmente no se vivieron momentos de nerviosismo. «Hemos escuchado unos ruidos, como unos golpes en el techo del tren y, a partir de ahí, el conductor ha empezado a frenar», explicó un viajero.
«Cuando vimos que una barra de hierro se había metido en la rueda -prosiguió otra testigo- nos dimos cuenta de que habíamos escapado de una buena. El tren podía haber descarrilado. Por suerte, todo ha quedado en un susto».