Roger Federer conquistó ayer su sexta Copa de Maestros al batir en la final al francés Jo-Wilfried Tsonga por 6-3, 6-7 (6) y 6-3 en dos horas y 18 minutos. El suizo se hizo con su título número 70 en la final 100 de su carrera, y se ha convertido en el jugador que más veces ha ganado el torneo, que reúne cada temporada a los ocho mejores tenistas del mundo, por delante del checo Ivan Lendl y el estadounidense Pete Sampras, ambos cinco veces campeones.
Federer desaprovechó una bola de partido en el segundo set y volvió a sufrir en el tercero ante el número uno de Francia, como ya le ocurrió en el primer partido del campeonato. A pesar de las dificultades, el helvético mostró en algunos tramos la mejor versión de sí mismo, y puso en pie a las casi 20.000 personas que llenaban las gradas del O2 Arena londinense al devolver algunos golpes que parecían inalcanzables. Con la final de ayer, el de Basilea, de 30 años, firma una racha de diecisiete victorias consecutivas, una marca que no alcanzaba desde 2009, y cierra con sensaciones positivas la primera temporada en ocho años en la que no conquista uno de los cuatro grandes.
Como en la mayoría de partidos que ha disputado a lo largo de su carrera, en la que ha conquistado 16 Grand Slam, Federer saltó ayer por la tarde a la pista azul de Londres con la etiqueta de favorito asignada. Con su sobrada experiencia en partidos clave, el número tres se mostraba sereno sobre la pista de Londres y avasallaba a su rival con golpes certeros en los primeros compases del encuentro, pero sufría al resto ante un Tsonga que atacaba con la versión más afinada de su potente servicio.
A pesar de su buen inicio, a Federer pareció sorprenderle el aplomo del francés. Comenzó a mostrarse impreciso en algunos golpes y requirió más tiempo del esperado para defender sus servicios en el primer tramo del duelo. Tsonga dejó a su rival en blanco en el cuarto juego con una serie de primeros servicios inapelables y puso en jaque la iniciativa del suizo con una autoridad que hizo rememorar aquel segundo set que el francés le ganó hace apenas una semana, en el primer choque del torneo.
En el que parecía su peor momento, el suizo sacó a relucir su experiencia y su dominio del juego devolviendo varias bolas que parecían inalcanzables para romper el servicio de Tsonga y poner en pie al público del pabellón londinense. Federer acababa de anotarse la primera batalla psicológica con un golpe de autoridad que fue más letal para Tsonga que cualquier tiro ajustado a la línea.
En el set definitivo reinó la prudencia: ninguno de los dos se atrevía a arriesgar ante la posibilidad de que una desventaja en el marcador fuera definitiva, como finalmente sucedió en el penúltimo juego, cuando Federer se impuso de nuevo al resto y sentenció la final a su favor y se proclamó maestro de Maestros.