Después del daño que le han hecho las acusaciones de acoso sexual de cuatro mujeres, lo último que el aspirante republicano Herman Cain necesitaba esta semana era un 'momento Perry'. Ese en que, como él mismo dice en el vídeo que ha hecho circular el periódico 'Milwaukee Journal Sentinel', tiene «tantas cosas en la cabeza» que no es capaz de recordar por qué no apoya la forma en la que Barack Obama manejó la revolución libia.
«OK, Libia», repite en voz alta mirando al techo. Deja correr una larga pausa, mueve la botella de agua e intenta recordar qué ocurrió en ese país que ha pasado ocho meses en las portadas de los periódicos. «El presidente Obama apoyó el levantamiento, ¿correcto?», pregunta a su entrevistador. «Solo quiero asegurarme de que estamos hablando de lo mismo antes de que diga 'sí' o 'no'», dice antes de coger carrerilla. «No estoy de acuerdo con la forma en que lo manejó por la siguiente razón… No, esa es otra diferente», se frena. Momento para ajustarse la corbata, mirar al techo de nuevo, morderse el labio, revolverse en el asiento… «Tengo que volver atrás», dice en voz alta. «Tengo todas las cosas dándome vueltas en la cabeza».
Su jefe de campaña le ha excusado diciendo que lleva varios días durmiendo cuatro horas diarias. Las lagunas del padrino de las pizzas en política exterior no han pasado desapercibidas en los diez debates que llevan ya los aspirantes republicanos. En una, por ejemplo, Cain dijo estar preocupado por las intenciones de China de desarrollar tecnología nuclear, una respuesta que podría haber encajado con Irán pero no con el país que realizó su primera prueba nuclear en 1964.
Golpe de gracia
En el caso de Libia, el lapsus podía haber pasado desapercibido de no ser por que los editores del periódico lo grabaron en vídeo y han difundido los cortes más llamativos. Con esa evidencia se defienden también de la acusación de «haberlo sacado de contexto», como clama la campaña. En realidad el corte dura aún más que los dolorosos 53 segundos en los que su rival Rick Perry batallaba por recordar cuál sería el tercer ministerio que borraría del mapa si llegaba a presidente. En cinco minutos Cain nunca logra explicar con claridad por qué critica la forma en la que Obama manejó esa crisis.
El editor que lo entrevistó dice haberse quedado de una pieza. Los analistas creen que es una constatación de que ni él mismo pensó nunca que llegaría a encabezar la nominación del Partido Republicano para disputar a Obama la Casa Blanca. Pero eso de ser el favorito fue una gloria breve que se acabó cuando dos de las mujeres que lo han acusado de acoso sexual se enfrentaron a la humillación de contarlo en público para desmontar sus mentiras.