Nadie es profeta en su tierra, dicen, pero Eduardo Cárcamo llega a Logroño preparado para ser la excepción con la presentación de 'André y Dorine' esta noche en el Teatro Bretón. Ya han recorrido más de diez países con este espectáculo de máscaras, la primera creación a gran escala del grupo Kulunka Teatro, al que ha arribado tras sus primeros pasos en La Garnacha Teatro, en Logroño y doce años después de haber terminado su carrera en Matemáticas.
-¿Quiénes son André y Dorine?
-Es una obra de máscara entera expresiva, que se desarrolla en silencio, y resulta de la historia de una singular pareja de ancianos que llevan toda la vida juntos, su relación ha caído en la rutina y aparece el antagonista de la función que es la enfermedad de Alzheimer. Hay como varias regresiones dentro de la obra para recordar quiénes fueron y quienes son ahora para reenamorarse nuevamente.
-Entre tres intérpretes reparten 14 papeles, ¿una esquizofrenia?
-Es una locura con el cambio de vestuario, de máscaras; muy exigente, se hace difícil, tenemos que ser muy claros para que llegue al espectador y que no tenga que pensar para entender lo que está sucediendo.
-Máscaras y en silencio, ¿una mezcla arriesgada?
-El silencio nos permite que se entienda en cualquier parte del mundo lo que estamos diciendo, y por otro lado, lo más difícil para nosotros ha sido reaprender un lenguaje nuevo; el de las máscaras.
-¿Cuál es su aporte en escena?
-No somos unos especialistas en las máscaras, nuestro mayor aporte es la dramaturgia. Al principio teníamos un gran miedo de que la gente no entendiera nada de lo que intentábamos decir. Pero en ocasiones es mucho más interesante encontrar un gesto, un movimiento que dice algo, que un monólogo, y hemos encontrado muchas joyas así, como que una acción, un gesto es superelocuente y estás entendiendo un montón de cosas que necesitarías muchas palabras para decir. Con la máscara también se llega de una forma más directa al espectador.
-¿Contagia sensaciones?
-La magia de la máscara es que la gente ve a la máscara reírse, llorar&hellip Hay gente que luego nos dice: '¿Tienen un efecto para que la máscara llore?'. Y no, la máscara es rígida, pero ese es el efecto en la mente del espectador, que ve a la máscara hacer todas esas cosas. Cuando eso ocurre es un éxito para nosotros.
-Aunque por la trama, ¿serán más llantos que risas?
-En verdad es una tragicomedia, también hay momentos muy divertidos, es un viaje emocional. Mi conclusión es que por mucho que tengamos momentos divertidos en la obra, la realidad es mucho más dura, y la obra me ha servido para conocerla.
-Una gran bienvenida para su ciudad.
-Es un orgullo para mí actuar en mi ciudad por primera vez, especialmente con un montaje del que estoy muy orgulloso. Estoy muy ilusionado.