Los escoceses, inventores del juego, dicen que el golf no es una cuestión de vida o muerte: es algo más importante. Vitoria no es Glasgow y el Gabinete Maroto ha decidido que ya se ha gastado bastante en el campo de entrenamiento de Gamarra, por lo que ha optado por paralizarlo. La cancha se convertirá en un parque integrado en el Anillo Verde y en ella se levantará un rocódromo. El frustrado proyecto ha supuesto un desembolso de 1,2 millones de euros para las arcas municipales.
Como adelantó EL CORREO, el concejal de Deportes, el popular Alfredo Iturricha, confirmó ayer que el equipo de gobierno ha decidido liquidar definitivamente el campo de golf. «Renunciamos a esta instalación y confiamos en que los 300.000 euros que nos quedan para gastar -de una inversión total aprobada de 1.500.000 euros- sean suficientes para que el CEA incorpore la zona al Anillo Verde», subrayó. «El rocódromo lo sufragará el Ayuntamiento, a no ser que consigamos alguna subvención para iniciativas medioambientales», aclaró Iturricha a este periódico.
El equipo de gobierno no quiere seguir aportando más dinero en un complejo que comenzó a construirse en 2007 y que tras las continuas objeciones medioambientales por parte del Gobierno vasco y de la Diputación ha sufrido tantos retrasos que a día de hoy no interesa ya ni al Ayuntamiento -«nos parece un mal proyecto»-, ni a la empresa que debía gestionarlo, Urbaser, que no confía en su rentabilidad económica. De hecho, la firma -gestora del Kirol Klub de Gamarra y Mendizorroza- prefiere que no se haga. «Estamos estudiando con ellos las características específicas que tendrá el circuito de escalada, para que se convierta en una oferta diferenciada de la existente en Mendizorroza», explicó el responsable de Servicios a la Ciudadanía. Lo que está claro es que Vitoria no contará con un campo de golf público, «ni en Gamarra, ni en ninguna otra ubicación», subrayó.
La paralización del proyecto llevó ayer al PNV a pedir responsabilidades políticas por «una gestión que ha costado a la ciudad 1.200.000 euros y que en un momento de crisis económica como el actual quedarán enterrados en el parque», reflexionó la jeltzale Blanca Guinea. La concejala peneuvista subrayó que la culpa de este fracaso «no hay que buscarla ni en el Gobierno, ni en la Agencia del Agua, el CEA o la Diputación. Es el diseño realizado por el Ayuntamiento el que estaba mal desde un principio».
La puesta en marcha del campo en Gamarra fue adjudicada en la etapa de Alfonso Alonso en la Alcaldía y heredada luego por Patxi Lazcoz, que modificó en repetidas ocasiones el plan por su afección al medio ambiente y en especial a la cría de la nutria y el visón europeo. No han faltado en todo este tiempo exigencias al Consistorio para que terminara la instalación -algunas del propio Iturricha-, pero al final no se terminará «porque de hacerlo tendríamos un mal campo», zanjó el concejal popular.
Coste desorbitado
El último de los cambios, que parecía que desbloquearía de una vez por todas las obras, se presentó el 30 de mayo de este año, una vez celebradas las elecciones municipales y con el equipo de gobierno socialista ya en funciones. Según ese plan de restauración vegetal, la malla que marca el límite de las zonas de lanzamiento se debería retrasar, tal y como pedía la Diputación, entre 2 y 3 metros, lo que por un lado supondría un desorbitado gasto y, por otro, reduciría el tamaño de la cancha de tal forma que no se cumpliría con los estándares de calidad fijados por la Federación Alavesa de Golf. «Es más barato quitar las vallas que retranquearlas y hemos optado por ahorrar dinero», añadió Iturricha.
El Ayuntamiento trabaja ahora con alguna de las empresas privadas que gestionan alguna de las canchas de la ciudad para poder ofrecer golf de iniciación a los vitorianos. «La idea es copiar la misma fórmula de los cursos subvencionados de iniciación al esquí, para los que no necesitamos de una estación municipal de alta montaña», defendió Iturricha.