«Soy un fanático de las texturas. Me gustan muchísimo la piedra, la roca, la montaña, hasta el punto de que fueron lo que me llevó hacia el paisaje». Así describe el fotógrafo Javier Sánchez la relación entre su mirada artística y el entorno natural, que en su trabajo no lo es tanto. «Es una concepción más artística que realista. Intento mostrar cómo veo el mundo, mis imágenes», razona el creador alavés, que en 'La mirada (ana) lítica' emplea el tratamiento digital como medio expresivo.
Esta selección de 14 imágenes llenas de rocas con líquenes, faros, cruces y monolíticos volúmenes -capturados en distintos puntos de la Costa de la Muerte gallega- permanecerá expuesta al público hasta el 28 de enero en Cult Fashion, Art & Music. El local de la cuesta de San Francisco acogerá a las 19.30 horas de hoy la inauguración del conjunto fotográfico, que estará acompañada por una actuación musical.
Precisamente, la música es un elemento que acompaña a Sánchez en su labor de postproducción, que prefiere desarrollar de noche. Y es que su trabajo con la imagen digital puede llevarle «desde unos días hasta una semana», según el caso. Dentro de esta muestra, «la roca iluminada fue la que más me costó. Hago varias pruebas, con distintos acabados y matices de color. Estas versiones son como las antiguas pruebas de ampliadora, trasladar a lo digital lo que antes hacíamos en el laboratorio. Aunque este sistema acorta mucho los tiempos de trabajo, porque te permite ver enseguida por dónde vas a seguir».
En su trayectoria, iniciada con temáticas de jazz y música, Sánchez ha desarrollado también series de tipo social, en las que no aplica estos acabados digitales. Argumenta que, incluso dentro de una misma serie, «cada fotografía es un mundo, un parto diferente».
En el caso de 'La mirada (ana) lítica', Sánchez reconoce la influencia del fotógrafo José María Mellado. Y confiesa que «me gustaría arriesgar más, pero en la fotografía no es fácil. En la pintura, se ha hecho más a lo largo de la historia y, tal vez por ello, entre otras cuestiones, tiene mucha mayor consideración artística».
Sánchez lamenta que «no tengo el don de dibujar bien. La fotografía me permite desarrollar lo que quiero expresar». En este sentido, «me interesa como medio para producir una obra de arte y expresar mi visión», en la que los cielos cargados y un cierto ambiente onírico llevan los paisajes mucho más allá de su identidad física.
La noche y los pecados
El juego de palabras del título también tiene su razón de ser. Sánchez explica que «me interesa mucho analizar las formas que voy a fotografiar. Pierdo mucho tiempo observando y colocando cada elemento en una posición determinada».
También es importante para Sánchez el tipo de soporte, que en esta muestra es un papel fotográfico sobre aluminio, que aporta un brillo especial. Distinto será el tratamiento de un trabajo en torno a las noche de Vitoria, con músicos y artistas o del proyecto que prepara sobre los pecados capitales y las virtudes.