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«¡Y encima se ríen los cabrones!»

POLÍTICA

«¡Y encima se ríen los cabrones!»

La juez Murillo vuelve a dar muestras de su ligereza verbal en un juicio contra el exjefe de ETA 'Txapote' y pone en peligro el proceso

03.11.11 - 02:25 -
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'Txapote' no ha respondido a ninguna de las preguntas realizadas durante la primera sesión del juicio./ Efe
La magistrada Ángela Murillo, presidenta de la sección cuarta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, volvió a dar muestras ayer de su ligereza verbal durante el juicio contra el exjefe militar de ETA, Xabier García Gaztelu, 'Txapote', y tres integrantes de un comando etarra acusados de asesinar con un coche bomba al concejal de Unión del Pueblo Navarro José Javier Múgica en la localidad navarra de Leiza en 2001.
La jueza, conocida por sus deslices en otros juicios -el último le costó que el Tribunal Supremo ordenara repetir una vista contra Arnaldo Otegi por enaltecimiento del terrorismo-, hizo un comentario a un compañero del tribunal instantes después de que la viuda del edil describiera emocionada los detalles del atentado que vivió en primera persona. «¡Pobre mujer, pobre mujer! ¡Y encima se ríen los cabrones!», comentó Murillo a su colega Juan Francisco Martel sin percatarse de que su micrófono seguía abierto.
Se refería la magistrada a la actitud indiferente, y hasta cierto punto cruel, de 'Txapote' y los otros tres etarras procesados por el asesinato, Óscar Celarain, Andoni Otegi y Juan Carlos Besance, tras escuchar el duro testimonio de Adoración Zubeldia. Protegida por un biombo, visiblemente angustiada, contó con todo lujo de detalles la escena que presenció desde de su casa tras la explosión de la furgoneta bomba el 14 de julio de 2001.
«Salí al balcón y lo vi en una esquina -dijo Adoración antes de romper a llorar-; lo vi que estaba contra un arbusto, vi la furgoneta contra un arbusto. Vi que se estaba quemando y mi marido también se estaba quemando a la vez que la furgoneta», relató al tribunal. El recuerdo fue tan vivo que en la sala de vistas se hizo un silencio sepulcral. Allí se encontraban familiares del fallecido y compañeros de José Javier Múgica, entre ellos la presidente de Navarra, Yolanda Barcina.
Tras este testimonio, y ante la congoja de Adoración Zulbeldia, que continúa en tratamiento psiquiátrico diez años después, se hizo una breve pausa. Entonces, llegó el comentario de la magistrada Ángela Murillo. Un desliz que grabó el micrófono de su mesa y que puede poner en peligro la validez del juicio. Bien porque el Supremo ordene repetir la vista oral con otro tribunal diferente, en caso de que la defensa de los etarras alegue imparcialidad objetiva de la magistrada en un futuro recurso, bien porque el alto tribunal decida directamente anular una previsible sentencia condenatoria, una posibilidad «extrema y remota», según fuentes jurídicas consultadas.
Después de este episodio, que en cierto modo empañó la vista oral que sigue hoy y mañana, la viuda de Múgica continuó su testimonio con el recuerdo de que antes del atentado ya habían recibido amenazas del entorno etarra que resultaron premonitorias: pintadas en su casa con la diana de la muerte, insultos en el programa de fiestas de Leiza e incluso robos en su tienda de fotografía. «Con eso nos dieron la pista de que no querían que trabajáramos en el pueblo» señaló Adoración.
«Quédese sentadito»
Antes, los acusados molestaron a la presidenta del tribunal no sólo por negarse a declarar y rechazar la legalidad de la Audiencia Nacional, que también, sino por cuchichear entre ellos y reírse en diversos momentos de la vista. Unos gestos incitantes que provocaron la reacción de Murillo. «Da igual, quédese sentadito (le dijo al acusado Juan Carlos Besance tras negarse a contestar a las preguntas del tribunal), pero primero va a escuchar lo que yo le voy a decir», y reclamó a la Policía que les cambiaran de sitio para que dejaran de hablar entre ellos.
Besance fue el único de los procesados que contestó a su defensa. Lo hizo para señalar que su testimonio ante la Guardia Civil en el que reconoció la autoría del atentado fue realizado bajo «torturas». «El primer día de la detención me pusieron la bolsa varias veces. Me ponían gomaespuma con un antifaz y me obligaban a hacer flexiones», dijo el etarra, que no denunció los hechos al forense porque «tenía miedo».
Los procesados se enfrentan a penas de entre 38 y 48 años por asesinato terrorista, tenencia y utilización de explosivos y pertenencia a banda armada.
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