Ángel Plasencia ya se puede bañar sin la ayuda de su padre en la espectacular piscina de Ibaiondo. Su enorme sonrisa le delata, porque algo tan sencillo para la mayoría le hace profundamente feliz. Y todo gracias a tres pequeños escalones. Los que forman el nuevo acceso que permite que este vitoriano de 29 años, que desde que tenía tres padece una hemiplejía de la parte izquierda de su cuerpo que también le afecta a su cerebro, pueda permitirse entrar por sí mismo en la pileta.
Enfundado en su bañador turquesa, con el gorro de baño y las gafas bien colocadas, Ángel se apoya en la barandilla y en tres pasos que hace meses parecían insalvables, se sumerge en el agua. «Es muy bueno para su enfermedad nadar, hace cuatro o cinco largos, que no está nada mal», relata su padre, Francisco.
El joven, amante del fútbol y de buena memoria, dice sentirse «contento, muy contento». Y no es para menos. Hace ya más de tres años que la familia lucha por esta solución. Han movido tierra y mar desde entonces para reclamar la necesidad de un acceso como el que desde el viernes disfruta la piscina de Ibaiondo. Una escalinata más ancha que las otras, en cuesta, y con dos rígidas barandas a los lados. Útil. «A mi hijo le da pánico el ascensor hidráulico con el que cuentan las instalaciones para las personas de movilidad reducida», relataba allá por enero a este periódico. «Y le tenía que ayudar yo», recuerda ahora. «Cuando tenía 14 años, era divertido», admite. Pero el chaval ha crecido. Pesa casi ochenta kilos -«aunque he perdido peso», aclara orgulloso-, y mide casi 1,90 de altura. Su envergadura es notablemente mayor que la del padre, que sufría de su espalda. «Desde verano, no hemos venido más que tres veces. Andar con él a cuestas todo el rato me estaba causando muchos dolores», prosigue el padre. Ahora ya no existe limitación para que Ángel practique deporte. Un día piscina y otro bici estática.
Lo aprovecharán todos
Francisco subraya que este avance «no es solo para Ángel». Del nuevo acceso «se aprovechan también niños, embarazadas, gente con otro tipo de problemas de movilidad... Al final todos pueden entrar a la piscina con más facilidad».
Los Plasencia están agradecidos a «todos» los que han hecho posible la conquista. «Políticos, medios de comunicación, y sobre todo, gente anónima». «Al final, no hacíamos más que reclamar algo que la ley tiene estipulado, pero nos ha costado más de lo esperado...», explican, mientras hacen alusión a las reiteradas negativas que han recibido.
La obra de la nueva escalera ha llegado después de que a mediados de este mes, José Moreno, un vecino de Lakuabizkarra, expusiera la situación a Javier Maroto en una de las 'Citas con el alcalde'. Entonces, Moreno recordaba el caso de Ángel y explicaba al Ayuntamiento que el ascensor hidráulico «no es útil. La pileta está colocada en la zona que cubre 1,70 ó 1,80 metros, demasiado profunda», argumentaba. El regidor prometió que se pondría la nueva escalera. Y lo cumplió. Su asesor, Ángel Lamelas, muy unido personalmente a su «tocayo», como le llama, admite que «¿cómo vas a negarle el derecho a bañarse?».
El nuevo acceso supone un salto «enorme» en la calidad de las vidas de Ángel y Francisco. «Es una maravilla», lo describe el segundo. Un calificativo que en otro escenario sonaría excesivo y que en éste se ajusta plenamente a la realidad.