Tras casi siete meses de misión y más de 9.500 incursiones aéreas, la OTAN se prepara para replegar sus fuerzas de Libia. La muerte de Muamar Gadafi aceleró ayer el final de una campaña que los aliados ya empezaban a dar por terminada hace varias semanas. En la última cumbre de ministros de Defensa del organismo atlántico, celebrada a primeros de mes en Bruselas, los 28 socios acordaron que retirarían sus aviones y barcos cuando el exdictador ya no representara una amenaza y tras verificar que el nuevo Ejército libio puede hacerse cargo de la seguridad.
El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, admitió ayer que con la caída de Sirte y Bani Walid el final de la misión «está más cerca». Tras celebrar que los libios «ya pueden decidir su futuro», el ex primer ministro danés anticipó los pasos que dará la Alianza para cerrar la campaña. «Tomaremos la decisiones en coordinación con la ONU y el Consejo Nacional de Transición», subrayó. Rasmussen se ha mostrado siempre partidario de que Naciones Unidas asumiera el papel principal en la seguridad del país después de que las fuerzas gadafistas cayeran derrotadas.
Aunque todavía no está claro cuándo podría abandonar la OTAN Libia, los 28 países empezarán a trabajar de inmediato en los criterios finales que determinarán su salida. En principio, está prevista para hoy una reunión del Consejo Atlántico, el órgano que aglutina a los embajadores de los diferentes socios. Las palabras de Rasmussen, sin embargo, ya dejan marcado el camino en buena medida. La Alianza podría aguardar a un pronunciamiento sobre su misión tanto de la ONU como del Gobierno interino.
En la cumbre de primeros de este mes, los ministros de Defensa debatieron largamente sobre las condiciones del repliegue. Entonces, EE UU remarcó que era necesaria la toma de Sirte por su valor simbólico como cuna del dictador y por tratarse del último gran bastión del régimen. Además, insistió en la necesidad de verificar la capacidad de las nuevas fuerzas nacionales para mantener la seguridad. Reino Unido y Francia, que lideraron la intervención desde el principio ante las reticencias de Washington, apostaron a su vez por la captura de Gadafi como objetivo añadido.
Proteger a los civiles
La OTAN asumió el mando de las operaciones en Libia a finales de marzo, apenas dos semanas después de que EE UU, Francia y Reino Unido iniciaran los ataques contra el régimen. La Alianza se comprometió a cumplir estrictamente la resolución de Naciones Unidas que autorizó la intervención. En base a este texto, el organismo militar puso en marcha un bloqueo naval para evitar la entrada de armas al país. Paralelamente, abrió una intensa campaña de bombardeos destinada a proteger a los opositores tras su alzamiento. Un total de 14 países -entre ellos España- se unieron a la misión con 205 aviones y 21 buques.
El secretario general aliado evocó ayer su mandato para defender a los civiles, que también se extiende a los seguidores del régimen. Rasmussen reclamó al Gobierno interino que prevenga «cualquier represalia» contra los partidarios de Gadafi y urgió a las fuerzas de los sublevados a ofrecer un trato digno a los «combatientes derrotados». Pese a que la misión podría terminar en las próximas semanas, la OTAN aprobó en septiembre una nueva prórroga hasta casi final de año. Desde que arrancó la operación 'Protector unificado', los aviones aliados han realizado 25.600 vuelos y han llevado a cabo 9.500 incursiones.