Zigor Aldama (1980) es un observador privilegiado como corresponsal en China del grupo Vocento de los descomunales cambios vividos por el país asiático en las últimas décadas. «La transformación es tan vertiginosa que las claves para interpretar la realidad del gigante oriental se quedan obsoletas». Aldama, que lleva 12 años viviendo en Shangai, hablará hoy a las 20.00 horas en la sala Luis de Ajuria, dentro del Aula de Cultura de la Fundación Vocento.
-¡Que vienen los chinos! ¿Hay que tenerles miedo de verdad?
-Mi teoría parte de que el mundo ha cambiado. Primero, con la globalización, y luego, con la crisis económica. El orden mundial ya no es el mismo. No es una cuestión de tener miedo, sino de transformarse para poder tener éxito y en ese cambio China juega un papel fundamental. La frase no es totalmente cierta, no es verdad que nos van a inundar. Pero este cambio es una amenaza y una oportunidad. Una amenaza para nuestro estado de bienestar porque hemos tocado techo. No es posible que el estándar de vida sea poseer una vivienda en propiedad y una segunda en la playa. Hay estudios que dicen que si los chinos y los indios gozasen de nuestro tren de vida harían falta dos o tres planetas.
-¿Cómo ha sido esa revolución económica?
-El modelo de desarrollo chino se ha basado en abrir el país, y dejar que entren empresas extranjeras para fabricar. En una segunda fase ha habido una transferencia tecnológica. Aprendieron copiando. En la tercera fase, los chinos conscientes de que quieren vivir mejor y eso supone más gastos de producción, dan un nuevo salto y apuestan por la innovación de verdad.
-Parece que aspiran a todo.
-China es ya el segundo inversor del mundo en I+D. Construye una estación espacial y vamos a ver cómo mandan un hombre a la Luna y hasta Marte. Cada vez tiene más tecnología y es un jugador de pleno derecho en el juego de la economía.
-Hay unas imágenes sorprendentes sobre una niña atropellada a la que nadie socorre. ¿Tienen sentimientos los chinos?
-Después de ver las imágenes cuesta decir que sí. Es uno de tantos escándalos que se suceden casi a diario. A veces tanto cambio no es bien asimilado por la sociedad. China ha pasado de que 30 millones de personas se morían de hambre en 1976 a un capitalismo salvaje. Lo más importante para ellos es el dinero y la tranquilidad social. Yo he visto casos parecidos, gente que no ayuda. Por un lado, nadie quiere meterse en líos. Ha habido casos de gente que ha ayudado y han acabado denunciados por la persona a la que han ayudado y multados por el juez.
Economía real
-¿Seremos igual que ellos?
-Tendemos a parecernos. Pero ellos van a subir y nosotros bajaremos o nos mantendremos. En Shangai, un ingeniero o un arquitecto chino cobran ya un sueldo que cobraría un ingeniero de aquí que empieza. La diferencia sustancial con nosotros es que tienen la esperanza de que el futuro será mejor y nosotros pensamos que será peor. No hay sensación de crisis sino de que hay que trabajar duro.
-¿Nos van a sacar de la crisis?
-No sé si son la solución pero van a determinar si se agudiza o nos deja respirar. Italia suplica a Pekin que compre su deuda. Era impensable hace unos años. Su economía es real, no especulativa.
-¿Cambiará China en el aspecto político?
-Yo creo que es un error pensar que solo puede cambiar a una democracia. No lo ha sido nunca y no tienen por qué serlo. El hecho de que no lo sea nos obnubila y nos impide ver los verdaderos cambios que sí suceden gracias a internet y las redes sociales. Es una dictadura, lo gobierna el partido comunista, pero ha habido escándalos políticos que han salido a la red y han cambiado las cosas. Por vez primera, el chino tiene voz, no voto, pero sí voz.