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Guardiola descarrila

27.09.11 - 02:36 -
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«Me estoy metiendo en un jardín...» El propio Pep Guardiola pareció darse cuenta de la inconveniencia de sus palabras a mitad de su discurso, pero ello no impidió que terminara de lanzar el mensaje que le interesaba. «Tengo mucho afecto por la anterior junta. Ellos me escogieron y estoy muy triste porque hicieron cosas extraordinarias por este club», empezó diciendo. Y tras un breve paréntesis, concluyó: «Laporta está sufriendo mucho y no se lo merece. No se merecen lo que están pasando. Espero que todo esto de los juicios no llegue hasta el final. Mi cariño por ellos es infinito. Ojalá los que están ahora sean coscientes de esto».
Su alocución, emitida en los primeros minutos del pasado domingo, tras el demoledor 5-0 al Atlético de Madrid, causó estupefacción a propios y extraños. Sobre todo a los primeros. Acostumbrado a moverse alejado del fango y a ser, aparentemente, muy precavido en sus declaraciones, cuarenta y ocho horas después ya prácticamente nadie en el entorno del Barcelona cree que sus palabras fueran fruto de un error o un despiste.
Reclamación de 50 millones
Y es precisamente aquí donde se estima que radica la gravedad de su declaración. Porque con sus palabras Guardiola aludía a la amenaza de embargo que pesa sobre Joan Laporta y siete de los exdirectivos de su junta. Los ocho serán expropiados de sus pisos y bienes si el próximo viernes no depositan un aval de 23,2 millones de euros. Esto por una demanda de un socio culé.
Además, Laporta, que dirigió el Barcelona de 2003 a 2010, tendrá que hacer frente a una denuncia de la actual directiva que preside Sandro Rosell, que le reclama casi 50 millones de euros por presuntos fraudes durante su gestión en el club. Es una acción de responsabilidad que aprobó la asamblea de compromisarios del Barcelona hace ahora un año.
La interpretación obvia, por tanto, es que en la guerra Rosell-Laporta Guardiola ha tomado claro partido por el segundo. Sobre todo por dos cuestiones básicas. Una, porque el entrenador se ha reunido recientemente en una comida con el propio Laporta y Johan Cruyff, otro de los azotes de Rosell. Y dos, porque su 'reflexión' llegó poco después de que su actual presidente y jefe calificara el fichaje de Ibrahimovic como «la peor operación en la historia del Barcelona».
El alineamiento de Guardiola ha sido rápidamente agradecido por Laporta. «Mi estima por Pep también es infinita. Él y sus ayudantes han hecho grande la decisión de confiar en él como entrenador del equipo», ha dicho el expresidente blaugrana a través de su cuenta en 'twitter'.
«No estés triste»
El malestar de la actual directiva barcelonista es más que palpable, aunque opte por guardar las apariencias. El portavoz del club, Toni Freixa, se ha limitado a decir que la junta «respeta la opinión del señor Guardiola», pero ha dejado claro que no ve motivos para retirar la demanda contra Laporta, «porque la ratificaron los socios».
No han sido tan diplomáticos los analistas de la generalidad de medios de comunicación de la Ciudad Condal, que no entienden qué necesidad tiene el técnico de presentarse públicamente como un burdo rehén de Laporta. «Guardiola, fuera de lugar», titulaba sin ambages 'La Vanguardia'. El mismo periódico estimaba en un artículo de opinión que con sus palabras «Guardiola antepone la lealtad a la conveniencia general de la entidad».
«Pep, no estés triste», editorializó ayer 'Mundo deportivo', cuyo director, Santi Nolla, afirma que «no hay motivos para estar tristes» ahora que «el Barça vive la mejor época de su historia y los barcelonistas están muy contentos». «No hay motivo para estar triste por Joan Laporta, que ha aumentado notablemente su patrimonio después de su paso por la presidencia del Fútbol Club Barcelona y que hoy es concejal y diputado del Parlament de Catalunya», añade Nolla.
Claro que, en una línea muy diferente, también hubo algún medio, menos templado, que quiso recordar que los pensamientos únicos no permiten fisuras. Y en esa línea hubo quien optó por acogerse a su habitual autocensura y parcialidad para sentenciar que este debate sólo «ofrece carnaza para las tertulias antibarcelonistas». ¿Será que Pep Guardiola lo es?
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