La mañana en el entorno de Gonzalo de Berceo era una de ésas no aptas para estómagos vacíos. Desde primera hora, centenares de cocineros de calle encendieron los fogones para empezar a cocinar, en toda la zona de Industria y Poniente. Pronto el delicioso olor a guiso, a patatas, a carne y condimentos varios, inundó toda la zona: había arrancado el cuarto Concurso de Calderetas de San Mateo.
Un total de 60 grupos se juntaron esta vez para participar en el evento, 300 personas al tener en cuenta que cada grupo consta de cinco componentes. Y no fue hasta pasadas las 14.30 horas cuando se conoció el ganador: el grupo formado por Vanesa Domínguez, Javier Becerra, Jesús Domínguez, Julián Sáez y David Barrio; por una caldereta con cordero y chorizo procedentes de Santa Marina, igual que las verduras. Acreedor de un estuche de vino de Bodegas Altanza, su guiso fue el que más encandiló el paladar del jurado, seguido del presentado por Victorino Muñoz, Miguel Muñoz, César Muñoz, José Luis Moreno y Francisco Iturbe.
Fue el punto y seguido (pues aún se prolongaría la fiesta hasta pasada la sobremesa) de una bulliciosa jornada que se iniciaba a las 10 de la mañana. La organización ponía el elemento clave del concurso: las patatas, y los participantes añadían todo lo demás. A partir de ahí, al calor de los hornillos de gas (para evitar problemas y deterioros del pavimento), las cacerolas comenzaron a trabajar. A las patatas y la carne cada cual añadía sus propios condimentos: no faltaron la cebolla o los pimientos, tampoco el chorizo, el ajo, el tomate, verduras variadas o incluso otros productos como caracoles. Los aderezos fueron varios y variados, e importantes fueron las aportaciones en forma de buen vino de cocina, o incluso alguna copita de brandy, en algún caso.
Bulliciosa mañana
Durante toda la mañana, multitud de curiosos se acercaron por las inmediaciones del concurso, atraídos por el olor que cada vez más se dejaba notar en toda la zona de El Cubo; generalmente a mirar y algunos incluso sin poder resistirse a pedir probar alguna pequeña ración. No faltaron tampoco las autoridades locales, como es el caso de la alcaldesa Cuca Gamarra, que se acercó por el lugar.
El cohete del mediodía marcó el fin de la cocina y el turno del jurado, integrado por el concejal Ángel Sáinz Yangüela, y representantes de la Federación de Asociaciones de Vecinos, Rica Mesa, Voluntarios de Logroño y la Asociación de la Prensa; además de un crítico gastronómico. La degustación pesó en la decisión final, aunque no menos que otros factores como la presentación, la limpieza o los ingredientes utilizados. Además de por su sabor, la caldereta ganadora debía entrar también por los ojos, junto con todo lo de su alrededor. Asimismo de los fogones, muchos de los puestos eran también verdaderos muestrarios de gastronomía riojana.