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Osakidetza atiende a 68 niños al mes en su clínica de la obesidad infantil

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Osakidetza atiende a 68 niños al mes en su clínica de la obesidad infantil

El hospital del Alto Deba lleva a cabo un plan piloto para cambiar los hábitos alimentarios de familias de menores con sobrepeso

18.09.11 - 02:33 -
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La obesidad es la gran epidemia de las sociedades avanzadas. El 80% de la población de Estados Unidos estará muy por encima de su peso dentro de seis años. También sus niños. A uno de cada tres le sobra grasa. En el entorno europeo, los porcentajes no son tan alarmantes, pero sí preocupantes. «El crecimiento de la obesidad infantil en España es espectacular. Hace quince años, el 5% de los críos era obesos y ahora, el 16%», resalta el pediatra especialista en Endocrinología Daniel Jiménez-Villarreal, del hospital Alto Deba, situado en Mondragón.
«En la Unión Europea -añade- solo Gran Bretaña está por delante. La obesidad infantil en España tiene una prevalencia del 13,9% y la combinación de sobrepeso y obesidad es del 26,3%». Aunque Canarias y Andalucía son las dos comunidades en los que el problema es mayor porque superan estas medias, el País Vasco no se queda al margen. Tanto es así que Osakidetza decidió, en febrero de 2010, poner en marcha una clínica de la obesidad y nutrición infantil, a cuyo frente está Jiménez-Villarreal. Y con él, la pediatra gastroenteróloga Lissette Delgado, la enfermera Cristina Letamendi y la dietista Laura Alutiz. Su objetivo no es otro que combatir los malos hábitos alimentarios de las familias de niños gorditos. Y es que «el 98% de los casos de obesidad o sobrepeso se debe a las malas costumbres de algunas casas y a la falta de ejercicio. Los derivados de problemas orgánicos o genéticos solo representan un 2%».
De 4 a 14 años
Desde su funcionamiento hace año y medio, la demanda de este servicio ha crecido de manera constante hasta atender ya a 68 menores al mes, en edades comprendidas entre los 4 y los 14 años. La mecánica es sencilla. En la mayoría de los casos, los niños acuden a la consulta derivados por su pediatra. Lo primero que se hace es una analítica para descartar cualquier enfermedad. Luego se le diagnóstica; es decir, se le mide, se le pesa, se realizan unos estudios específicos sobre la grasa que le sobra y se propone un plan para que la vaya perdiendo de forma progresiva, con controles mensuales. Daniel Jiménez-Villarreal advierte de la importancia que sea un médico quien supervise el proceso, para garantizar que «el crecimiento no se vea afectado».
«Al niño nunca le hablamos de dieta y decimos a las familias que hagan lo mismo. Está prohibido colgar de cualquier sitio el menú de cada día porque no se puede obsesionar al chaval y que se vaya al otro extremo», comenta en referencia al peligro de provocar una anorexia cuando se habla constantemente de seguir a régimen.
Por ello, «a los críos les decimos que no estén pendientes de las comidas, que eso es cosa de sus padres, que ellos simplemente coman lo que les pongan, que hagan cinco comidas al día y ejercicio. Además del deporte escolar, aconsejamos actividades extraescolares y caminar media hora diaria».
Involucrar a los padres o la persona que les da de comer es fundamental. «Se trata de reeducar a la familia», comenta el pediatra. Por ello, la clínica de la obesidad y nutrición infantil organiza reuniones en grupo para hablar de pautas alimenticias, de rutinas de ejercicio. «De ningún modo fomentamos las dietas de corto tiempo ni los programas de actividad física intensa para perder peso en poco tiempo. Lo que importa es modificar los hábitos. No se trata de estar condenado a pasarse la vida a dieta, sino de estar condenado a comer bien de por vida», puntualiza.
Chuches, un día a la semana
Pero son niños y les gustan las chuches. «Un día a la semana, abrimos la mano. Les damos a elegir, entre el sábado o el domingo. Y lo mismo con los helados en verano». En el año y medio de trayectoria, la experiencia está resultando «un éxito. Hemos dado tres altas y solo ha habido ocho deserciones».
¿Y los niños que comen en los colegios? Daniel Jiménez-Villarreal asegura que los menús escolares, pese a su fama, no suponen un mayor problema, siempre y cuando «el chaval no repita, no coma lo que no quiere su compañero de mesa». Por ello, remiten cartas al colegio para que esté pendiente.
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Un niño con sobrepeso, ajeno a la información, se lanza a las aguas de un lago. :: EL CORREO

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