Como si del arranque salvaje de unas rebajas se tratase, ayer cientos de personas se agolpaban frente a los escaparates de 13 tiendas vitorianas. Pero ninguna iba a la caza de algún chollo. A todos les unía su afición a la magia, y habían decidido perseguir a los artistas de Magialdia. Los ilusionistas se las prometían muy felices en su ruta por los comercios de Gasteiz On, pero sus entregados admiradores no estaban dispuestos a darles tregua. A Salvano JR y Charlie Mag el tumulto les pilló mientras caminaban por Pintorería, y por suerte pudieron refugiarse tras las lunas de Tribal Área y Ortzai. Separados de sus fans por un fino cristal y conscientes de que no tenían escapatoria, decidieron amansar a sus incondicionales con su única arma disponible: sus trucos.
Salvano no estaba dispuesto a perder la elegancia, pese a la carrera que se había dado, y enfundado en su frac empezó a cautivar al respetable con un pañuelo del que salió un vaso. Dudando si echar un trago o no, optó por consultarle a su bastón sobre la decisión, y éste fue claro haciendo eses en el aire sin que nadie lo tocase. La copa ya era algo obligado, pero mejor dos que una, y del pañuelo brotó otra, y otra...
Paloma a la fuga
Y es que tocaba el turno del póquer, aunque de una modalidad extraña que hacía aparecer y desaparecer las cartas. Un esfuerzo para este tahúr que bien merecía un cigarro, aunque solo fuese para sacar pañuelos del humo. Pero Salvano se topó de lleno con la ley antitabaco, y con un chasquido, el pitillo se esfumaba, para volver a los vasos y, por qué no, a la botella.
Mientras tanto, Charlie Mag intentaba espantar a los curiosos con sobornos. Unas bandejas con 'chuches' buscaban el perdón de los pequeños, pero éstos prefirieron seguir con su 'acoso', así que no le quedó otra que descorrer la cortina de Ortzai y encender su chistera con la varita en llamas. De pronto, la paloma se escapó de la improvisada cazuela, para resignación del ilusionista, que se puso a buscarle compañía en los objetos más insospechados. Una vez llenó la jaula, fueron las cartas las que volaron, justo después de brotar de sus mágicos pulgares. «¿Y por qué no unas sardinas?», se dijo el mago antes de hacer aparecer el acuario como truco final mientras una bomba de confeti blanco estallaba para cubrir a los asistentes con esta nieve de papel.