«Me quedan 50 días de condena y lo primero que voy a hacer cuando salga es recorrer el Camino de Santiago». Es la promesa de Alberto, un llodiano recluso en la prisión de Nanclares de la Oca que ayer decidió 'engancharse' a este itinerario universal en una conferencia impartida en el propio penal por el ciclista Peio Ruiz Cabestany y la escritora Toti Martínez de Lezea. La ponencia, organizada por el departamento de Cultura del Gobierno vasco y la agencia vasca de turismo Basquetour, tenía por objeto la puesta en valor de las vías con destino a la catedral compostelana a su paso por Euskadi.
No en vano el peregrinaje «ha sido un éxito cada vez que se ha realizado con los presos, ya que es una salida a la libertad y lo peor, tanto para los reclusos como para el resto de la gente, es volver a casa después de una experiencia así», reflexionó Jose Ángel Martínez de Bujanda, el cura del penal. Y es que los internos de Nanclares recorrerán a pie, como vienen haciendo desde el 2002, una etapa de esta ruta el próximo mes de octubre. «Todos están esperando a que les toque. Es una herramienta muy positiva y de gran ayuda», afirmó el párroco ante la audiencia reclusa que tuvo ocasión de asistir al encuentro.
Entre ellos se encontraba la histórica etarra Idoia López Riaño, 'La tigresa', trasladada el año pasado a la cárcel alavesa y que se permitió dirigir varias preguntas a los ponentes y hasta compartir opiniones como «lo importante es el camino que recorres y lo que encuentras en él; da igual si con rumbo a Santiago o a La Meca». Ignacio, otro interno de Bilbao, se interesó por la figura de los 'bicigrinos' -peregrinos ciclistas-, que ya conforman el 20% de los turistas que se embarcan en la aventura a tierras gallegas.
Romanos y brujería
Los apuntes de Martínez de Lezea sobre brujería y leyendas antiguas relacionadas con el itinerario suscitaron, por su parte, diversos comentarios y preguntas. Como desveló la escritora, «un alavés apodado 'El fuerte de Arbulo' luchó cuerpo a cuerpo con los mejores soldados del César evitando que el Imperio Romano se apoderara de estas tierras». Y cuenta otra historia de la cosecha de Martínez de Lezea que «una bruja de Peñacerrada revivía a los muertos con un ungüento mágico que solucionaba el problema de las bajas de los soldados en tiempos de guerra».
Esta faceta «menos ortodoxa» del santo itinerario contrastó, no obstante, con la experiencia de los viajes de Ruiz Cabestany, que emprendió el camino «un 4 de noviembre lluvioso desde Sant Jean de Pied de Port (Francia) para enlazar con Roncesvalles bajo una auténtica cortina de agua». Una odisea que repitió después en bici y más tarde en velero. Sin embargo, «yo empecé a vivir en el Camino otra parte de mi vida y descubrí la necesidad de atender a los peregrinos», trasladó Rosa Arruti, que regenta un albergue en Orio desde donde «he visto pasar a medio mundo».
Los conferenciantes, que previamente han pasado por las prisiones de Basauri y Martutene, analizaron muy diversos puntos de vista para despertar el interés hacia este viaje como «una ruta cultural de enriquecimiento social y colectivo» por el que volverán a caminar los reclusos de Nanclares de la Oca, dentro o -tal vez- fuera de sus celdas.