El Cido Arena soporta cascadas de decibelios en los partidos de Lituania. Coinciden con la puntería de Kalnietis, la magia de Jasikevicius... Entre quienes alimentan tal magnitud acústica está Kleiza, lesionado pero activo para seguir los partidos como comentarista, camiseta nacional en ristre, repartiendo aspavientos como sobre el parqué hacía con los mandoblazos. Más sereno, el dios Sabonis sonríe y da palmas mientras sus vecinos (y todo aquel que presente un mínimo de frente baloncestística) le idolatran. Acabó la noche del viernes, posiblemente camino a Kaunas, en el hotel de los periodistas españoles y se mostró amable, aunque esquivo dado que se trataba de su tiempo de asueto.
Hablar de baloncesto en Lituania obliga a santiguarse. Ya ha sido citado el gran Arvydas, integrante de una selección entonces soviética inigualable con compatriotas todos elevados al estatus de héroes. Kurtinaitis, Marciulionis... y Chomicius, enamorado de Torremolinos que ejerce como asistente de Kestutis Kemzura en el banquillo de la selección, que es lo más cercano que se puede estar a ocupar un trono en este país. Leyendas del pasado. También las tiene en el presente. Un consejo. Sigan el partido de esta noche contra España por televisión tratando de fijarse en Jasikevicius, otra deidad que se resiste a ocupar su lugar en el reposo del Olimpo. Como en EE UU, esta nación está envenenada, pierde la cabeza en cuanto le mentan unos Juegos Olímpicos. Por eso los Europeos previos a las citas cuatrianuales de los cinco aros son estelares para la tricolor. Por ello, el exjugador blaugrana retroalimenta al anfitrión, esté o no en la pista.
Esencia del showtime
Oro en el Europeo de 2003, bronce en Sidney y el Eurobasket de Madrid, cuatro Euroligas y 16 títulos, entre Ligas y Copas, acumulados en Eslovenia, España, Israel, Grecia y Turquía. Jasikevicius es un mito y ejerce como tal. Aún retiene gasolina y le contesta el protagonismo a quien se ponga por delante. Incluido a su entrenador, con el que compartió vestuario en el Lietuvos Rytas cuando Kemzura ejerció de jugador y técnico. Quizá por ello se permita el '13' lituano dar órdenes, dirigir, establecer criterio... Él habla y su entorno asume con devoción.
Es la esencia del showtime, aunque Lituania nutre las alforjas con una aportación de corte comunista. Sus doce hombres promedian más de tres puntos; ocho superan los seis y cuatro alcanzan la decena. No conocen el significado del desaliento y cuando hallan el duende sus porcentajes de tiro abaten a cualquiera. Lo porfían todo a la intensidad, favorecida por la tendencia arbitral a proteger al que paga el sarao. Y el público pone el resto para que el rival, en este caso España, lo mal soporte.