La peña Philips-Mientras el cuerpo aguante tiene a bien programar durante las fiestas patronales en honor a San Emeterio y San Celedonio una muestra de las tradiciones y el folklore de otras zonas de la geografía española que siempre son muy bien acogidas por el público en general.
En esta ocasión le ha tocado el turno a una de las tradiciones más singulares de Cataluña, declarada por la Unesco, el pasado 16 de noviembre de 2010, como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Se trata de los castellers o traducido al castellano, castillos humanos.
Esta tradición, que cuenta con más de dos siglos de antigüedad, «tiene su origen, con toda probabilidad, en el antiguo 'Baile de los Valencianos', uno de los que se realizaban en torno de las procesiones religiosas. Estos bailes finalizaban con una figura constituida por el levantamiento de una construcción humana, que con el tiempo fue alcanzando importancia, hasta independizarse del baile», explicaron desde la colla Xiquets del Serrallo de Tarragona al numerosísimo público presente en la plaza del Raso, antes de comenzar la exhibición.
Precisamente desde Tarragona se fue extendiendo esta tradición al resto de Cataluña. Las collas son grupos variopintos de personas unidas por una misma afición a los castillos humanos, en los que tanto mujeres como hombres, niños y mayores tienen su sitio.
Los Xiquets del Serrallo, nacidos en un barrio de pescadores de Tarragona, es una colla de cerca de 200 personas y es precisamente el número de componentes un condicionante a la hora de levantar castillos más o menos altos, siendo «el de diez alturas el máximo logrado hasta ahora», explicaron, «aunque en ese caso se trata de collas con más de medio millar de personas».
Ayer, los del Serrallo levantaron varios castillos, el máximo uno de seis alturas coronado por dos enxanetas, que son las niñas de corta edad que por su escaso peso coronan las levantadas. Eso sí, las claves para hacerlas, según explican los castellers son «fuerza, equilibrio, valor y cordura», que se podría resumir en solidaridad y sensatez, porque, según se evidenció ayer, es preciso ser solidarios como una sola persona y ser sensatos para interrumpir la construcción si se ve que algo no va bien, y así evitar peligros.