El crimen de la zarauztarra Amaia Azkue sigue plagado de interrogantes. Tras la entrega del joven presunto autor de los hechos la semana pasada, después de verse acorralado por la investigación de la Ertzaintza, todavía quedan preguntas en el aire que el proceso judicial tratará de resolver. Mientras tanto, aunque a cuenta gotas, este periódico ha podido saber nuevos detalles de la investigación realizada por la Policía autónoma, que culminó con la entrega y confesión del azpeitiarra A.E., de 18 años, el pasado miércoles 17 de agosto.
En este trabajo, los agentes tuvieron que contactar con 250 compradores guipuzcoanos de zapatillas de senderismo hasta que dieron con la casa del joven, según señalan fuentes cercanas a la investigación. Los ertzainas seguían la pista de un cordón de ese tipo de calzado, utilizado por el presunto autor de los hechos para maniatar a Amaia antes de arrojarla al embalse de Ibai-Eder. Finalmente, resultó una evidencia determinante para dar con A.E., que desde el pasado miércoles por la noche está internado en el centro de menores de Zumarraga.
Las pesquisas en torno al cordón comenzaron el mismo 16 de marzo, día del crimen, y se prolongaron durante los últimos cinco meses. Los agentes de la Policía autónoma recogieron esa pequeña cuerda entre otras muchas pruebas del escenario del crimen. Desde el primer momento, los agentes sospecharon que podría pertenecer al calzado del homicida.
El objetivo de la investigación no era sencillo: encontrar al propietario de una zapatilla de senderismo, que coincidiera con los rasgos físicos -alto y de complexión delgada- que las cámaras de seguridad de los cajeros captaron cuando el autor de los hechos sacó dinero con la tarjeta robada a Amaia Azkue, de 39 años.
Tras analizar las características específicas del cordón, los ertzainas identificaron los modelos de zapatilla a los que podría pertenecer y visitaron los comercios de Gipuzkoa en los que se habían vendido en los últimos años. Con la autorización judicial correspondiente, obtuvieron la información de las personas que habían adquirido ese tipo de calzado y que realizaron el pago mediante una tarjeta de crédito.
Con la lista en la mano, los agentes visitaron casa por casa y hablaron con todos los compradores sin éxito. Según fuentes de la investigación, los ertzainas llegaron a contactar con 250 guipuzcoanos en total.
Acorralado
Cuando se cumplían cinco meses de búsqueda, la pista les llevó a una urbanización de Azpeitia. El pasado martes, 16 de agosto, llegaron al domicilio de una mujer que había adquirido el modelo de zapatilla buscado por la Ertzaintza. Ella reconoció que las había comprado para su hijo, A.E., de 17 años, que además «coincidía con los rasgos físicos del sospechoso».
Sin mencionar que se trataba de la investigación del crimen de Amaia Azkue, los agentes citaron al joven a declarar al día siguiente por la mañana en la Ertzain-Etxea de Azkoitia. El todavía menor acudió a las dependencias policiales acompañado de su padre y su abogado, lo que aumentó las sospechas de los ertzainas. No en vano, todavía ningún agente le había comunicado que estaba relacionado con el crimen de Amaia Azkue. Para colmo, en la declaración, el joven se mostró nervioso e incurrió en muchas contradicciones. Estaba acorralado.
Esa misma tarde el joven confesó el asesinato, justo la víspera de cumplir 18 años. «La maté con una piedra», aseguró a la Fiscalía de Menores. Al día siguiente, las pruebas de ADN y una huella confirmaron su declaración.