«Siria no titubeará en perseguir a los grupos terroristas armados para preservar la estabilidad de la patria y la seguridad de los ciudadanos». Así de rotundo se mostró ayer el presidente, Bashar el-Asad, en lo que fue «la última advertencia» de Turquía para que el régimen ponga fin a la represión que en cinco meses se ha cobrado la vida de más de 1.700 civiles. En su entrevista con el ministro de Exteriores de Ankara, Ahmet Davutoglu, el líder de Damasco se mostró inflexible al justificar nuevamente la escalada de violencia contra las protestas y acusar a elementos externos del clima de tensión.
Durante la reunión, El-Asad informó a Davutoglu de la situación de inestabilidad que viven algunas ciudades sirias como resultado del «amedrentamiento y asesinato por parte de grupos terroristas armados de civiles y miembros de las fuerzas de seguridad». El dictador aseguró, asimismo, que su Ejecutivo está decidido a «cumplir con los pasos de la reforma global que lleva a cabo y que está abierto a cualquier ayuda que presenten los países vecinos y amigos al respecto».
El jefe de la diplomacia turca afirmó, por su parte, que su Gobierno no trae ningún mensaje de nadie y que Turquía tiene interés propio por la seguridad del país árabe. «Siria, conducida por Bashar el-Asad, llegará a ser un ejemplo para el mundo árabe después de que acabe con las reformas propuestas por el régimen sirio», sentenció Davutoglu en su encuentro de más de dos horas y a solas con el dirigente de Damasco, según precisó la agencia oficial de noticias Sana.
De acuerdo con la cadena de televisión turca NTV, Davutoglu, sin embargo, exigió al presidente sirio que «detenga las operaciones» militares y represivas que está llevando a cabo contra las protestas antigubernamentales y subrayó que su visita constituye «la última advertencia», ante el deterioro de la situación. «La estabilidad de Siria es la base de la estabilidad en la región», recordó el enviado de Ankara a El-Asad.
La reunión de ayer coincidió con otra sangrienta jornada de represión protagonizada por las Fuerzas Armadas del régimen en varias zonas del país. Al menos 22 personas, entre elllas ocho niños, perdieron la vida por disparos del Ejército y de las fuerzas de seguridad, según precisó el grupo opositor Comités Locales de Coordinación. La mayoría de las víctimas se produjeron en la provincia de Hama, uno de los principales objetivos de la nueva oleada de violencia lanzada por Damasco desde el inicio del Ramadán.
Además de en Hama, otros tres civiles murieron en varias puntos de la provincia de Idleb (norte), dos en la localidad de Irbin (perteneciente a la región de Rif Damasco, en el este), tres en Deir al-Zur (noreste), así como dos en Hula (provincia de Homs) y un manifestante en la ciudad de Homs, al centro del país.