El Festival de Jazz es a esta música en Vitoria lo que el Tour al ciclismo. La atención del público general se enfoca en la ciudad hacia la música nacida junto al Mississippi, de la misma manera que más de uno se anima a pedalear con la llegada de la ronda francesa. En el caso del ciclo de jazz, los no tan aficionados se acercan a las actuaciones y, a veces, se encuentran con que descubren músicos y propuestas que no tenían planeado degustar. Este mecanismo proporciona una vía de crecimiento de audiencias que el festival plantea siempre que puede, también por autoconservación, claro.
En la penúltima noche del festival, se consiguió. El doble programa presentaba a dos conocidos artistas. El pianista Michel Camilo es una figura ya aceptada por el gran público, a raíz de sus populares trabajos junto a Tomatito, mientras que Rubén Blades es toda una institución de la salsa contemporánea.
Dos propuestas de primera línea, pero con un resultado diverso. Acompañado por el ilustre percusionista Giovanni Hidalgo y, como sorpresa de última hora, por el maestro absoluto del bajo eléctrico de seis cuerdas, Anthony Jackson, Michel Camilo hizo lo que acostumbra. Derrochó energía, virtuosismo e intensidad en un recorrido por temas de factura propia como 'Mano a Mano', 'Rice and Beans', 'Yes', 'No left Turn' o 'Rumba pa' ti ', sin dejar de lado las versiones con el 'Naima' de John Coltrane o el 'Alfonsina y el mar' que firmó Ariel Ramírez.
Salsa y buen humor
Las notas disparadas como centellas desde el piano colorearon el espacio y pintaron un arco iris sonoro, especialmente sabroso en diálogo con las percusiones de Hidalgo. Camilo tampoco olvidó regalar detalles de puntillismo pianístico.
Luego apareció en escena toda una leyenda viva de la salsa. A sus 63 años recién cumplidos -los hizo en la madrugada del sábado-, el cantante, compositor, actor y político panameño demostró estar en plena forma. No se trata sólo de su voz o de su ritmo escénico. El auténtico 'showman' que es Rubén Blades se ganó la simpatía del público con un torrente de anécdotas y notas de humor que formaron parte del espectáculo.
Blades ofrece salsa, con lo bueno y lo malo que esto conlleva. En el mejor aspecto, se trató de un repertorio bailable, apoyado por la sólida orquesta del bajista Roberto Delgado y la colaboración de Giovanni Hidalgo en 'Todos vuelven'. Así lo entendió buena parte del respetable, que llenó los pasillos de pasos 'naturales' y de academia.
En lo menos acertado, está una condición indisolublemente asociada al estilo: la clave. Pese a los múltiples acentos aportados por la numerosa y competente banda, resultó un set un tanto monocorde para los aficionados al jazz.
No obstante, fue entrañable -incluido el 'Cumpleaños Feliz'-, plagado de referencias sociales y de calidad musical. Y, como era de esperar, fue celebrada 'Pedro Navaja', aunque sin sorpresas de la vida.