Han venido a Euskadi para comer sano, jugar, recuperarse y disfrutar del verano lejos de sus hogares, lastrados por el accidente de Chernóbyl. Ayer, una decena de ellos junto con sus padres y hermanos de acogida descubrieron el golf en la Escuela del Seminario. Fueron dos horas en las que nada les borró la sonrisa, a pesar del pelado viento que les acompañó durante toda la actividad. Fue un día de vacaciones con mucho swing.
La idea de acercar el mundo del golf a estos niños ucranianos partió de Alberto, uno de los padres de acogida que suele acercarse hasta la Escuela del Seminario a jugar. «Se trataba de ampliar un poco las actividades conjuntas que normalmente realizamos con ellos. Lo comenté con los responsables del campo, que se mostraron encantados con la idea y aquí estamos».
Dicho y hecho. Pasadas las diez y media de la mañana, varios coches particulares llenos de niños propios y de acogida llegaban a esta escuela de golf. Su responsable, Philippe Kerivel, hizo las veces de anfitrión y con la ayuda de las dos traductoras, todos supieron que comenzarían a jugar enseguida.
Lo primero, ensayar los swing. Philippe lanzó su primera pelota y un ¡Uauhhh! al unísono se escapó de todos los peques. Luego, les tocaba a ellos.
Mari Jose acoge desde hace 16 años a niños procedentes de las cercanías de Chernóbyl. Tatiana y Sasha son dos hermanas de 9 y 13 años que estarán los dos meses de verano, como el resto de la expedición. Entienden muy poco español, pero esta madre de acogida ya jubilada, se hace entender enseguida «Otros niños vienen de ciudades más grandes y ya están más acostumbrados, pero mis niños viven en una aldea muy remota, con muy poco de todo ya que están muy cerca de la central nuclear», comenta a EL CORREO. Su amplia experiencia como madre acogedora le hace afirmar sin titubeos que son niños abiertos a todo, muy obedientes y también bastante reservados. Destaca además sus carencias alimenticias. «Están muy necesitados de comida. Tienen una ansiedad terrible. Es imposible digerir lo que comen ellos. Pero, para eso vienen, a comer, a recuperarse y a jugar».
«Con el idioma, te apañas»
A Tatiana y Sasha no se les quita la sonrisa de la boca, mientras practican su swing. Al lado está Stas, de 7 años. Es el niño que tiene en acogida la familia de Nekane, madre de dos pequeños de 4 y 7 años, que prueba por vez primera esta experiencia tan solidaria. «Al principio, crees que va a ser imposible comunicarte, pero luego, no es tan difícil». Llevan apenas diez días con Stas y ya es palpable su evolución. «Hay que tener mucha paciencia, pero vamos avanzando en su comportamiento. Luego, le llaman la atención muchas cosas para nosotros cotidianas como el microondas, el ascensor o una simple ducha. Y es que en su casa, no tienen agua caliente, ni aseo», relata Nekane, quien ya tiene cogida cita con el pediatra y el dentista para que le realicen revisiones. «Sufrió hidrocefalia de pequeño y le operaron, por eso, le llevaremos a que le hagan un control».
La clase de golf sigue su curso. Toca hoyos. Y todos se afanan en acertar. Las monitoras ucranianas, que han venido como traductoras, también participan en la clase, así como los padres. «Estas actividades les ayudan a los niños a tranquilizarse y sentirse más cómodos».
La clase acaba y se acerca la hora de comer. De una experiencia irán a otra: el bosque de Zabalgana les aguarda.