A los ladrones especializados en desvalijar vehículos les atraen las zonas aisladas, lugares donde poder realizar su 'trabajo' sin inoportunas molestias de algún transeúnte trasnochador y que, además, le ofrezcan presas fáciles. Por eso, los garajes son sus escenarios favoritos, y prueba de ello es el aumento de coches reventados en los aparcamientos subterráneos de Vitoria, sobre todo en el barrio de Salburua. Sin embargo, ahora los cacos parecen haber encontrado un filón en otros lugares que reúnen esas condiciones favorables a sus hurtos: los pueblos alaveses. Y ya han marcado dos puntos en su novedosa ruta, visitando Legutiano y Salvatierra. La Ertzaintza tiene registradas nueve denuncias por este tipo de delitos en cada uno de los pueblos, aunque los vecinos consultados por EL CORREO hablan de un número mayor.
«Cuando vinieron aquí reventaron diecisiete coches», asegura una de las afectadas de Legutiano la primera semana de junio. «Salimos a las siete y media de la mañana de casa y vimos que el vehículo, que estaba aparcado enfrente, tenía el cristal roto y le faltaba la radio. No se llevaron nada más», continúa esta vecina. El objetivo de aquella noche fueron los radiocasetes de los turismos estacionados. «Hicieron una batida por el pueblo buscando los que no tenían el equipo integrado, y escogieron los más fáciles de quitar y con buena pinta», destaca. Para ella, la soledad que ofrece Legutiano de noche lo convierte en «el escenario perfecto. Aquí no hay Policía Local, y aunque la Ertzaintza pasa de vez cuando, tienen total impunidad».
Esta afectada tiene claro que no ha sido cosa de una sola persona. «Para allanar diecisiete coches han tenido que ser varios, que vienen esa noche a robar y luego se van», aventura. Tras la barra del Amalur también comparten esa teoría. «Aquí al lado, en el pasaje Basatxi, destrozaron unos cuantos», añade el camarero, quien comparte la sorpresa de sus convecinos. «La última vez que robaron en coches en el pueblo fue hace dos años», recuerda.
Una quincena en Agurain
Casi dos semanas después, el mismo modus operandi se repetía en Salvatierra. Los ladrones aprovecharon la oscuridad de la noche para reventar quince automóviles -según los cálculos de los habitantes-, estacionados en diferentes puntos del centro de la localidad. «Aparecieron coches con las ventanillas rotas en la calle Mayor, en la de Apategui y en la carretera de Gordoa», explica Andrés, uno de los residentes de la zona. El objetivo, en este caso, también eran las radios, un producto que aunque aquí no tiene mucho mercado encuentra una buena demanda en países emergentes.
«Al final te hacen más daño con el cristal roto que con lo que te roban dentro», reflexiona este hombre, que recuerda otra de las visitas de los ladrones en mayo. «Entonces fueron menos coches, y además de las ventanillas rompieron los retrovisores», destaca, sin descartar que esos episodios pudieran ser obra de vándalos. «Yo creo que fueron personas de aquí, por hacer la gamberrada, porque de algunos vehículos no se llevaron nada», añade.
A pesar de esa sospecha, tanto él como sus vecinos de Agurain y los habitantes de Legutiano temen que no se trate de hechos aislados. Estas dos jornadas idénticas de robos «podrían repetirse, o aquí o en otros pueblos», reflexionan en las dos localidades, donde el recuerdo de los vidrios rotos alimenta una sensación de indefensión e impotencia.