En la moda, la familia unida jamás será vencida. Las firmas Dsquared2, Rodarte y Rochas sacan pecho gracias a sus lazos de sangre. Jamás el amor fraterno había resultado tan decisivo. El caso de Marco Zanini, que trabaja en la recuperación de una vieja casa al borde del precipicio, es singular. El diseñador al que Rochas fichó en un intento desesperado de recuperar el viejo glamour ha encontrado en su hermana Miki, estilista y exmodelo, a su álter ego y musa. Su vinculación profesional se veía venir. De pequeños compraban revistas de moda y se pasaban las tardes «embelesados» mirando las fotografías.
A Miki jamás le sedujo la vida que llevan los diseñadores, siempre de un sitio para otro. Que no le guste viajar y que cumpliera sus sueños de niña al desfilar como modelo para Chanel, Martin Margiela o Marc Jacobs, explica que a los 21 años abandonara sus ínfulas de modista. Sin embargo, tras retirarse de las pasarelas, se dio cuenta de que la moda era su «gran pasión». Rochas y su hermano la recuperaron para la causa. Marco justifica el reencuentro por la necesidad de tener la «opinión» de una mujer, pero no de una cualquiera. Siempre consideró la de su hermana «la más interesante» para saber qué es lo que desean sus clientas.
Pese al tiempo que lleva en este negocio, sigue sin saber si las personas confiesan «lo que de verdad opinan o si son halagos o juicios interesados». Lo que más le gusta de Miki es que pertenece a esa clase de mujeres que, «sin ser necesariamente bellas», encuentran su manera de «expresar su feminidad. Posee una gran elegancia natural, sin esforzarse», dice él. «Una de las cosas más reconfortantes que puede sucederle a alguien es estimular las ideas de otros», contesta ella.
En el caso de Rodarte, la firma de las hermanas Kate y Laura Mulleavy, ninguna ha estado jamás por encima de la otra. Licenciadas en Historia del Arte y Literatura Inglesa, la compañía de las prendas anticomerciales -los tacones de sus zapatos emulan una vela derretida- han bebido de la cultura del videoclub. Empedernidas cinéfilas, uno de sus placeres consistía en encerrarse en casa a ver películas de terror. 'Drácula' y 'Nosferatu' figuran entre sus favoritas. La empresa, que lleva el apellido de soltera de su madre, es ya una de las preferidas de las celebrities de Los Ángeles.
Macabro
Pero sus comienzos fueron complicados. Kate tuvo que vender su colección de discos y Laura invertir los ahorros ganados como camarera. Recaudaron 20.000 euros, cantidad con la que lanzaron una colección de diez piezas que promocionaron en Nueva York de una forma bastante peculiar. Vistieron muñecas de papel con sus modelos. No les fue mal. Primero llegaron a la portada de una de las revistas de moda con más predicamento -'WWD'- y después al 'Vogue' de la poderosa Anna Wintour. Con los terciopelos y diseños florales como principales señas de identidad, estas hermanas tienen un punto de lo más macabro y encuentran inspiración en la «cultura de los Hare Krishna, los 'punks' de Oakland, los 'skaters'&hellip». Con piezas en las que los bordados a mano se superponen con las telarañas de encaje, las Mulleavy han alcanzado la gloria de la mano de Natalie Portman. Kate y Laura diseñaron 40 trajes de ballet para la oscarizada 'Cisne negro'. Pese al éxito, no terminan de explicarse su forma de trabajar, la más artesanal sin duda de cuantas pueblan la moda norteamericana.
Todo lo contrario que Dsquared2. Los gemelos canadienses Dan y Dean Caten, que nacieron con 15 minutos de diferencia, se ganaron las alubias en Milán, donde se labraron una merecida fama organizando las mejores fiestas. Últimos de nueve hermanos, jamás han pasado más de medio año separados. Son los estandartes del exceso y la provocación. Les encanta hacer cosas «con fantasía que la gente pueda llevar». Prescindieron de las escuelas de diseño, donde sólo «tratan de enseñarte a ser creativo y loco». Por eso las pasarelas se llenan, a su juicio, de propuestas tan extravagantes como «imposibles». Con la mejor red de contactos y principales agitadores de la vida nocturna milanesa, ganaron suficiente dinero para preparar la primera colección, en la que ya avanzaron su particular forma de interpretar la moda. Comercial pero no superficial. «Puedes ser todo lo juguetón que quieras, pero tienes que saber cortar un pantalón para que la gente lo compre». Sus desfiles también son diferentes al resto. «Muchas maniquíes se sienten estúpidas con esos disfraces». Sus modelos se alejan de la imagen tan estirada que pueblan habitualmente las pasarelas.
Posiblemente, porque su ropa está concebida para que la gente se sienta «guapa y sexy», pero también «cómoda». Los Caten detestan el papel que se arrogan algunos de sus colegas al intentar «imponer cómo se debe ir vestido». Reconocen que ellos lo tienen más fácil que otros creadores.«Seguimos atados y todo lo hacemos juntos. Hay muchas decisiones que tomar y así todo se piensa dos veces». Es lo que tiene ser hermanos y diseñadores.