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Días sin noche

La estrategia más efectiva en caso de insomnio es abandonar la cama hasta que vuelva el sueño

18.06.11 - 02:15 -
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Los minutos parecen horas y las horas días. Así se resume la experiencia que cada noche experimentan numerosas personas ante el deseo y la necesidad de dormir y la imposibilidad de conseguirlo. No hay soluciones mágicas para conciliar el sueño, no hay ovejitas milagrosas ni libros que logren dormir al lector insomne. Según los últimos estudios, el 6,4% de la población española padece insomnio y su impacto varía en función del sexo (afecta al 7,8% de las mujeres y el 4,9% de los hombres) y de la edad (se ha diagnosticado en el 3,3% de los jóvenes, frente al 9,8% de los mayores de 65 años). Entre los posibles tratamientos, los fármacos hipnóticos deben ser el último recurso, ya que el riesgo de caer en la pesadilla de su dependencia es alto. No obstante, en los últimos años se han desarrollado medicamentos más específicos para este trastorno y con menos efectos secundarios.
Hábitos y estados de ánimo
Se considera que una persona padece insomnio cuando tiene dificultades para dormir el tiempo deseado, en el momento elegido y con la profundidad adecuada durante un mes seguido o más y sin que haya una causa evidente que lo justifique. Como referencia, los niños deben dormir entre nueve y diez horas diarias y los adultos entre siete y ocho.
En ocasiones, el insomnio es un síntoma derivado de otro problema o enfermedad. Contribuyen a romper el sueño los procesos con dolor y las molestias derivadas de la nocturia o la incontinencia, del embarazo, de la ingesta de medicamentos con cortisona -con potenciales efectos secundarios sobre la alteración del sueño- o del consumo elevado de productos con cafeína.
Pero los malos hábitos nocturnos también pasan factura. En algunos casos, los afectados han aprendido a dormir mal. Por eso, cuando se acuestan en lugar de relajarse se desvelan, se estresan y pasan, de manera crónica, las noches con el sueño alterado. Esta circunstancia se convierte en un peligroso círculo vicioso difícil de superar. Ver la televisión en la cama, escuchar la radio o cenar en ella contribuye a que se origine este fenómeno.
Las personas con más predisposición a sufrir insomnio son las pensativas o de naturaleza reflexiva, las que dan muchas vueltas a las cosas, las que se angustian con mayor facilidad o quienes sufren trastornos de ánimo, como la depresión o la ansiedad. En las mujeres, además, es posible que haya algún factor hormonal desencadenante, ya que muchas afectadas han dormido bien durante toda su vida, pero empiezan a tener los primeros síntomas de insomnio a partir de la menopausia.
Tipos de insomnio
Por su duración, puede ser agudo, siempre que sea puntual y se manifieste ante un episodio de estrés, dolor o duelo, o crónico, si se mantiene a lo largo del tiempo.
Por la forma de presentarse puede ser insomnio de conciliación, cuando cuesta coger el sueño aunque, una vez que se logra, se duerme relativamente bien; de mantenimiento, si se duerme sin problemas, pero con varios despertares durante la noche; o de finalización, que consiste en despertarse de forma precoz sin poder volver a conciliar el sueño. No obstante, los insomnes pueden experimentar diversas combinaciones de todas ellas.
Diagnóstico
El diagnóstico de un caso de insomnio se realiza a partir de la historia clínica, cuando el afectado le cuenta al médico su caso en primera persona. Con este sistema a veces se descubre que en realidad el paciente tiene insomnio por una mala percepción del propio sueño. Es decir, que el afectado dice dormir mal y ver pasar las horas del reloj. Sin embargo, cuando se realiza un registro de sueño, se comprueba que duerme más de lo que dice y de lo que cree.
Otras veces se descarta el insomnio porque se detecta otro trastorno neurológico, como el síndrome de las piernas inquietas. Esta enfermedad impide al afectado conciliar el sueño porque tiene sensación de malestar e inquietud en las piernas, un síntoma que mejora al caminar. Aunque en un inicio parezca insomnio, no lo es. De hecho, este síndrome se trata de forma distinta, con medicamentos dopaminérgicos, parecidos a los que se emplean para tratar el párkinson.
Buscar una solución
El primer paso para superar el insomnio es identificar su causa (horarios desajustados, pautas de conductas nocturnas inadecuadas, dolores o tomar medicamentos o sustancias con efectos estimulantes). Una vez que se han excluido estos factores, estos son los posibles tratamientos:
Cambiar de hábitos: médico y paciente deben repasar las pautas de comportamiento durante el día (no sólo nocturnas) para corregir hábitos incorrectos que impidan conciliar el sueño. Por ejemplo, si el paciente realiza muchas actividades de día (como tener dos trabajos o practicar deporte) el médico diagnosticará que este ritmo de vida es incompatible con dormirse en 30 segundos. Antes se requiere un tiempo para relajarse.
Terapia cognitivo-conductual y técnicas de relajación: para superar la angustia que genera no poder descansar y adoptar pautas de conducta previas al sueño.
Tratamientos hipnóticos: los somníferos deben ser el último recurso al que recurrir en caso de insomnio. La recomendación es que solo se tomen durante dos o tres semanas si el paciente no consigue liberarse de la angustia, y siempre después de haber hecho cambios de conducta previos. El problema es que muchas personas son incapaces de abandonarlos después. Se estima que el 4% de la población los toma de forma continuada. Se deben extremar las precauciones cuando estos fármacos se administran a ancianos (los más afectados por el insomnio). Es frecuente que estas personas visiten varias veces el baño de noche, corren cierto peligro ya que pueden experimentar dificultades para reaccionar y sufrir caídas.
Nuevos tratamientos: en los últimos años han surgido fármacos más específicos y con menos efectos secundarios para combatir el insomnio. Uno de ellos son los agonistas del receptor de la melatonina, una hormona natural del organismo que se segrega de noche y que favorece el sueño. Se receta principalmente cuando el paciente sufre depresión, pero también es útil para combatir el insomnio, a menudo asociado a esta enfermedad.
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